Sueños, vida y tiempo abatidos por la muerte

Texto: Joel F. GÁLVEZ VIVAR

Fotos: Karol Joseph GÁLVEZ LÓPEZ

Heroica ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca.- Al levantar la mirada al azulado cielo huajuapense, bajo la bóveda de la sala de exposición temporales de la casa de la cultura maestro ‘Antonio Martínez Corro’ de esta ciudad, se contagia en la profundidad del ente la reflexión máxima que expresa en sus obras el artista Carlos Antonio Blanco Osorio.

Mientras seguimos observando meticulosamente, cada obra alcanzamos a comprender la importancia que existe entre la vida, el tiempo y la muerte: en ellas el autor expresa el más sublime mensaje sobre el valor de la existencia del hombre, pero sobre todo, esta va ligada con la misión al que fuese enviado a la faz del globo terráqueo.

Basta mirar los títulos de las obras hechas a lápiz, entre las que se aprecian: ‘Extraña mañana de compartir el tiempo donde eres persona, flor o muerto’; ‘La muerte distrayendo al hombre con la vida’; ‘Cabeza hueca’; ‘El mago’; ‘Los lugares mueren con la memoria’; ‘Los sentimientos deforman hombres de cera’, entre otras que están expuestas al público antes de la cultura y de alto contenido de las artes.

En tanto, el propio artista Carlos Antonio Blanco Osorio, expresa: ‘vivimos engañados y existimos trastornados cambiantes siempre por nosotros mismos o por ellos, somos como nubes en un cielo azul abatidos por el aire de pensamientos y el tiempo, nunca observamos cómo cambian ni como desaparecen, días en los que no hay nubes, así vamos nosotros ignorando hasta nuestra propia mente que evoluciona como una semilla, y que se va ramificando en ideas que escondemos como hojas, que caen con el peso de los años, años que convivimos con personas, que son minutos distrayéndonos de nuestra propia muerte.

Y de la vida, por esperar, prosigue Blanco Osorio, y así pasamos coleccionando relojes, momentos, en los que no sabemos ni cuánto durará, si una vida o una hora; relojes como los de arena los cuales se nos hacen vicio, que admiramos siempre y sabemos cuándo acabarán sin tener que esperar a que este solo un día empiece a retroceder y a adelantarse hasta que se detenga al azar; pues solo vacía su arena paciente, como la muerte’, acota el autor.

En las mismas condiciones se encuentran las 29 obras del jovial artista, que creció y camina en las polvorientas calles de la gran Ñudee, recogiendo el palpitar cotidiano de la urbe, sigue inspirándose en la proximidad de las alturas de lo que pudiesen ser las condiciones de los habitantes de este jironcito de la mixteca en el inmediato porvenir.

La casa de la cultura huajuapense encierra un cumulo de esperanzas, y fortalezas para enriquecer la humanidad cultural de los nativos, por ello es preciso acercarse a cada momento para saber y conocer lo ahí se manifiesta a través de las artes como son las obras del maestro Carlos Antonio Blanco Osorio.