BALCÓN

 

JUSTO CUANDO EVO MORALES LLEGÓ COMO asilado político a México, en esta columna explicábamos la relación que ha habido desde hace años entre los cárteles de la droga mexicanos y los de Bolivia. Este último es el tercer país productor de hoja de coca en el mundo y eso ha sido muy valioso para los traficantes de drogas. El pasado 17 de noviembre, en esa columna escribía que posiblemente un hijo de Guzmán Loera pasó tiempo en Santa Cruz con identidad boliviana y se habría infiltrado, según informes, en una escuela de pilotos para ampliar sus negocios de tráfico ilícito de drogas. Ahora, el actual ministro de Gobierno de Bolivia, Arturo Murillo, aseguró que Iván Archivaldo Guzmán Salazar, uno de los hijos del El Chapo Guzmán, vivió en Bolivia, protegido por el gobierno del expresidente Evo Morales; estudió pilotaje de aviones en Santa Cruz de la Sierra e incluso en 2015 contó con una credencial provisional de ingreso a la Asamblea Legislativa. “Hemos encontrado credenciales de la Asamblea Legislativa Plurinacional a nombre del hijo de El Chapo Guzmán. Las credenciales son permisos provisionales para ingresar a la Asamblea. El hijo de El Chapo Guzmán estuvo en Santa Cruz, vino a estudiar pilotaje y luego desapareció”, contó Murillo. Arturo Murillo, uno de los contrincantes de Evo Morales, acusa al expresidente, además, de organizar actos de “terrorismo y sedición” desde su exilio en México. Murillo explica que hay cárteles de México y Brasil que operan en Bolivia y que el narcotráfico se mueve en Chapare, el bastión de Morales. Cuando Morales renunció a la presidencia, se refugió precisamente en Chapare, una zona cocalera del trópico de Cochabamba, lugar que lo vio nacer como dirigente político; además es una de las pocas regiones de Bolivia donde el expresidente conserva su poder intacto: sigue siendo el titular de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, que concentran a los cocaleros. En esa región se producen unas 40 mil toneladas de hoja de coca por año, la mayoría de manera ilegal. Hay que recordar que una parte de la producción de la hoja de coca es legal en Bolivia. Mucha gente tiene la necesidad de tomarla en té o masticarla por la altura en la que se encuentra ese país; casi el doble de la que tenemos en la Ciudad de México. Recordemos que de las primeras acciones que tomó Evo Morales a tan sólo dos años de haber llegado al poder fue expulsar a la DEA de esa zona de Bolivia, en donde, 10 años antes, la agencia había construido un aeropuerto; esa base se había transformado en la sede de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico. Es en esta área donde se produce la pasta base, un segundo proceso que se realiza en laboratorios clandestinos en la zona cercana a Villa Yapacaní, un poblado cuya parte de su economía se nutre de la cocaína que manejan cárteles internacionales, entre ellos, colombianos y mexicanos. Bolivia produjo en 2018 55 mil toneladas de coca; sin embargo, la que se utiliza para el consumo interno no supera las 28 mil toneladas. El actual ministro de Bolivia, Arturo Murillo, asegura que hay 16 pedidos de extradición que llegaron de Brasil por narcotráfico y que la Cancillería no contestó ninguno. “Quiere decir que había un gobierno que protegía al narcotráfico. Poco a poco se van a ir cayendo todas las máscaras”, aseguró. Eso es con Brasil, pero la relación de los narcotraficantes bolivianos y mexicanos es estrecha, principalmente con el Cártel de Sinaloa, lo cual salió a la luz con el trabajo del periodista español David Beriain, quien logró pasar más de tres meses infiltrado en el cártel de Guzmán Loera. Pero también miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tienen nexos en Bolivia. En diciembre de 2017, Brasil dio a conocer la captura de José González Valencia, uno de los líderes del CJNG, quien presuntamente residía en Bolivia. Al momento de su captura, el mexicano portaba una cédula con identidad boliviana, a nombre de Jafett Arias Becerra. En agosto de 2017, un informe de EU señalaba que Raúl Flores Hernández, alias El Tío, miembro del Cártel Jalisco Nueva Generación, compró un equipo de futbol de primera división en Bolivia, aunque no se encontraron pruebas al respecto. La forma más usual de narcotráfico local en Bolivia es el clan. Esta organización está compuesta generalmente por familiares y personas cercanas que trafican droga a pedido de organizaciones transnacionales. Los clanes suelen asociarse con los emisarios de los cárteles y de las mafias extranjeras, y con los narcos mexicanos trabajan mucho. En Bolivia se producen unas 40 mil toneladas de hoja de coca por año; esto se traduce en millones de dólares para los narcotraficantes que se asocian con los bolivianos. En ese país, el kilo de cocaína cuesta dos mil 500 dólares. Cuando llega a México el costo es mucho más alto, 17 mil dólares; y una vez puesta en Estados Unidos o en Europa el precio aumenta dramáticamente. En abril de este año, el Departamento de Estado presentó al Congreso de Estados Unidos el Informe de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos, un documento que analiza el narcotráfico en cada país y que, además, revisa los avances para reducir la producción y tráfico de sustancias ilícitas. De acuerdo con el informe, en 2018, Bolivia fue el tercer mayor productor de cocaína en el mundo: “la producción potencial de cocaína pura en Bolivia sigue siendo históricamente alta en 249 TM, en comparación con las 170 TM de hace una década”. Y así es como en mundo global el narcotráfico trabaja sin que las fronteras se lo impidan……Y POR HOY ES TODO.