EDITORIAL

Bolivia

Quizá Evo Morales confió demasiado en el apoyo popular y en sus propias fuerzas. De alguna forma su gobierno había sido cuestionado, y a pesar de su victoria en las urnas, bajo un proceso electoral cuestionado, el presidente boliviano empezó a perder el control ante viejos y nuevos escenarios.

Morales pasó por alto una consulta a la que convocó el 21 de febrero de 2016. Fue un referendo para que los ciudadanos decidieran si en las próximas elecciones, las cuales se celebraron el 20 de octubre, se presentaba de nuevo. El resultado le fue adverso, la mayoría de los bolivianos votó porque en el 2019 terminara su mandato.

En 2017 el resultado fue apelado por la presidencia, lo que permitió a Evo participar en las elecciones. El Tribunal Supremo Electoral decidió que procedía la petición en medio de protestas que consideraban que se había actuado con discrecionalidad.

La fuerza de Evo Morales es indudable. Ha sido un presidente que le ha cambiado para bien la cara a su país. Su defensa y vocación indígena permitió un reacomodo social, a lo que se suma que en su gestión las condiciones económicas de Bolivia adquirieron otra dimensión.

El reconocimiento a Evo Morales tiene que ver con su ejercicio generoso del poder basado en un gran apoyo hacia los pueblos originarios, a los cuales colocó en el centro de la gobernabilidad.

Sin embargo, la elección planteó una nueva dinámica que terminó por convertirse en un elemento adverso, a pesar del reconocimiento que ha tenido todos estos años como presidente.

Los cuestionamientos sobre el proceso electoral se fundan en que el TSE detuvo abruptamente el conteo rápido, cuando ya tenía 84% del escrutinio, el cual le daba clara ventaja a Morales.

Todo indica que el candidato opositor, Carlos Mesa, no podía alcanzar a Evo Morales, es más, se veía también complicado que en el eventual caso de una segunda vuelta pudiera ganar Mesa.

¿Cuál fue la razón por la cual el tribunal complicó una elección que en apariencia no le estaba siendo adversa a Evo Morales? Hasta ahora no hay respuestas que expliquen el porqué de la decisión, sobre todo porque el proceso se veía definido.

Lo que ha pasado a partir de las elecciones ha estado enmarcado por la protesta y las presiones militares, lo cual ya provocó consecuencias creando una situación de excepción. En medio del caos, la presidenta del TSE fue detenida el domingo en la noche como parte de un intento por controlar la institución, para organizar nuevas elecciones a modo de lo que quieren la oposición y los militares, quienes están jugando un descarado activismo.

Entendiendo las particularidades de la situación interna boliviana no se puede separar de lo que viene pasando en América Latina. Evo Morales, sin dejar de reconocer sus grandes méritos, estaba ya en camino de eternizarse en el poder.

En Sudamérica está tomando forma el hartazgo ciudadano. En Chile los problemas no se han resuelto ni se ve por dónde puede haber salidas en el corto y mediano plazo. Argentina va a entrar a una nueva dinámica de riesgo porque tarde que temprano al nuevo gobierno lo va a alcanzar la terca realidad económica y social. Brasil es un enigma, la esperada liberación de Lula le puede abrir al país una nueva perspectiva política. Finalmente, Perú trae muy cerca el hartazgo y Uruguay en pocos días celebrará una inquietante segunda vuelta electoral.

La oposición y los militares bolivianos por fin encontraron cómo atacar a Evo Morales, quien debió hacer una pausa que le permitiera entender los escenarios. A Bolivia le urge el Estado de derecho porque la forzada salida del presidente no resuelve nada. Lo que viene es delicado y por ningún motivo hay que perder de vista dos elementos: la base social de Evo ni a Trump que ya está al acecho.

EDITORIAL

Amor, odio, indiferencia

Resulta interesantísimo y estimulante encontrar nuevas explicaciones a viejos problemas de la vida emocional, presentes en la vida de cualquier persona. La ansiedad, por ejemplo, se describe como un estado de desasosiego, como anticipación obsesiva de escenarios de catástrofe o como emoción contagiosa; pero poco se entiende como una debilidad del yo para enfrentar la vida, consecuencia de una construcción inacabada de confianza básica en el amor humano, que nos dieron o debieron darnos desde que llegamos al mundo. El ansioso puede huir de la vida como defensa frente al rechazo, el abandono o la sensación de desprecio, de ser inapropiado o no querible. Tiene miedo constantemente porque se siente incapaz de enfrentar la vida. Como si no hubiera recibido las herramientas elementales para ser plenamente humano.

A la ansiedad se suman el amor, el odio y la indiferencia, produciendo una mezcla compleja de sentimientos en nuestras relaciones; mediante una proyección del mundo interno, ser emocionalmente inaccesibles nos hace sentir que los otros también lo son; estar presentes con el cuerpo pero ausentes con la mente es una forma de evitar el riego, porque ser testigo externo, aburrido, desinteresado, garantiza invulnerabilidad (y soledad mortal).  Renunciar al mundo real y a sus objetos buenos reales, por estar invadido de objetos malos en la mente, obliga a algunos a matar la posibilidad de nuevas relaciones buenas, anticipando que serán malas y frustrantes. Ser un robot, socialmente correcto, impecable, educado, pero que no siente nada por nadie. Porque pensar en amar es peligroso si en el pasado hubo amores no correspondidos de los padres o de otros primeros amores. El amor frustrado no sólo es rechazo o humillación. Puede serlo con mucho más intensidad una presencia inaccesible. Duele más una madre presente pero inalcanzable afectivamente que un padre que se largó.

Los amores no correspondidos generan un sentimiento de odio y después de depresión, porque buscamos personas para existir, porque no hay yo sin tú. Lo triste de esta realidad del mundo interno es que el yo se ha fusionado con los objetos malos. Los que fueron buenos, viven en nuestra memoria, consciente o inconscientemente. Los objetos malos son los que persiguen, castigan, inhiben el desarrollo, estorban para sentirse auténticamente bien. Son objetos malos los que niegan el amor, desaparecen, nos abandonan, mueren prematuramente. También un padre o una madre impaciente, punitivo, presente, pero ausente, desapegado, distante, indiferente.

El amor también se vuelve hambre voraz después del rechazo. Sólo es posible odiar a una persona de la que quisimos o quisiéramos amor. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia, que es la ausencia de interés y sentimientos. Algunos demandarían tanto de los otros, que prefieren no pedirle nada a nadie. Otros no pueden evitar mostrar su posesividad hambrienta y suelen producir lástima, sadismo o huida.

Las necesidades, miedos, frustraciones, resentimientos y ansiedades en la búsqueda inevitable de objetos buenos es la materia de la enfermedad emocional. Todos nos alejamos y nos acercamos, y lo haremos de modo menos defensivo si nos atrevemos a mirar y a digerir nuestros objetos malos, para poder establecer relaciones menos contaminadas del pasado, actuales, vivas, llenas de posibilidades.

EDITORIAL

Los exaltados ánimos

Si en alguien está atemperar ánimos es en el Presidente, aunque es probable que vea distinto lo que muchos pensamos sobre la exaltación de los ánimos y las confrontaciones.

Si López Obrador no ve los ánimos exaltados como confrontación y distancia, va a ser difícil que sea el referente para la creación de mejores condiciones de convivencia.

Es probable que vea lo que está sucediendo como parte del proceso de cambio que pretende establecer, lo que provoca infinidad de resistencias, lo cual sin duda está sucediendo. Sin embargo, deberá reconocer que las cosas no están saliendo como quisiera y como prometió.

Las decisiones y acciones del Gobierno están afectando, como hemos venido insistiendo, a estructuras anquilosadas y a quienes han vivido de ellas. En más de algún sentido, lo que está haciendo el Presidente está afectando profundamente una cuestionable forma de vida.

Muchos enojos tienen que ver con ello, más que con reflexiones que permitieran entender los procesos de cambio que se van instrumentando y que se pretenden consolidar. Sin embargo, también hay una crítica precisa importante, que resulta imprescindible atender.

Otro factor significativo es el talante del Presidente, lo cual se enmarca en decisiones que en algunos casos parecen improvisadas, llevadas más por la prisa que vive el Gobierno, que a través de procesos de investigación y análisis.

El obsesivo rompimiento con el pasado está llevando a no hacer reflexión alguna sobre las bondades que tuvo, porque sí las tuvo. El gabinete en este sentido se ve en lo general sumiso y en muchos casos obedece sin reflexionar, lo cual a veces lleva al oprobioso síndrome de “a sus órdenes jefe”.

El pasado no necesariamente nos condena y no tiene por qué solamente ser identificado con personajes que se dedicaron impúdicamente a gobernar en medio de impunidad. Sus innumerables tropelías son las que crearon un lamentable desarrollo desigual, que ahondó el asentamiento de la corrupción como forma de vida.

Pudiera ser que el Presidente no considere importantes las críticas bajo la premisa de las intencionalidades que presume hay detrás de ellas, lo cual lo lleva a gobernar viendo un solo lado de las cosas, aunque su obligación sea ver el todo.

Está muy claro que la exaltación de los ánimos ha agudizado nuestras diferencias, en lo cual López Obrador ha puesto su parte.No deja de mencionar a sus adversarios, a veces con desprecio, a lo que se ha ido sumando la sistemática confrontación que tiene con los medios.

En las mañaneras el Presidente está enfrentando a lo que en la práctica se ha convertido en la oposición. Lo que pasa en la mañana puede ser en ocasiones más importante que lo que sucede en el Congreso, en donde la mayoría de Morena por lo regular avienta la caballería y la maquinaria.

La capacidad de decisión y maniobra del Presidente son una de las más grandes que se recuerden. Puede hacer casi todo lo que quiere basado en un mandato contundente.

El gran asunto se centra en las decisiones que ha estado tomando y también, no por ello menos importante, en sus reacciones y en sus actitudes.

Bajo estas premisas el único que tiene la capacidad de atemperar los ánimos es el Presidente. Sobre él está girando la vida del país y en él recaen todo tipo de decisiones.

Nadie le pide al mandatario que deje sus esencias, porque estás son las que lo tienen donde legítimamente está. Lo que no puede dejar de considerarse es que dos son las razones que tienen los ánimos exaltados: las decisiones que está tomando el Gobierno y el sistemático discurso confrontativo presidencial. El Presidente ha estado, está y estará en la caja de bateo.

EDITORIAL

EU nos trae en la mira

Bajo las condiciones en que se ha desarrollado la relación entre México y EU es inevitable que nuestro país forme parte ya de los debates en el proceso electoral del vecino país. Si antes no nos volteaban a ver, ahora somos parte de la agenda, quizá como nunca antes lo fuimos.

Son muchas las razones. De referente menor hemos pasado a ser eje de sus discusiones, debates y fobias, sin dejar de considerar que nuestros vecinos son una nación que acostumbra sistemáticamente a verse en su espejo. Parece ser que les es más preocupante la distribución de las drogas desde México que el mismo consumo en su país.

Los precandidatos a la presidencia han entendido que deben estar atentos en los medios hispanos y por más que no lo quieran deben aceptar entrevistas e incluso integrarlos a los debates. La comunidad hispana, mayoritariamente mexicana, ya define las elecciones.

En el proceso electoral del 3 de noviembre del 2020 nuestro país va a ser uno de los centros de atención y discusión, nunca como ahora seremos tema en lo político y económico, estamos en la línea de la atención, alerta y alarma. Si antes los asuntos del país podían pasar de largo hoy se ubican en los primeros espacios de los diarios, los portales y noticiarios de radio y televisión.

En plena campaña electoral de EU más vale que nos vayamos preparando porque se van a decir muchas cosas feas sobre el país. No va a importar que sean prejuicios, dichos, estigmas, adjetivos, expresiones de racismo y de nuestra terca realidad.

Estas muy difíciles semanas para el Gobierno de López Obrador ya son parte del proceso. El editorial de The Wall Street Journal del martes habla de una posible participación de EU para frenar la violencia en el país. La afirmación no es casual y es probable que este tipo de opiniones y deseos pasen por la cabeza de muchos estadounidenses.

La reacción ante el brutal ataque a la familia LeBarón ha echado a andar fantasmas y los sistemáticos deseos intervencionistas. Los medios en EU están exponiendo los nuevos escenarios sobre la violencia en el país y cómo ha venido actuando el Gobierno mexicano.

La forma en que The New York Times, The Washington Post, Boston Globe y CNN, entre muchos otros, informaron sobre la inhumana agresión contra la familia LeBarón fue a través de un lenguaje severo, poco contemplativo, señalando y fustigando al Gobierno, por más que se reconozca lo que le ha tocado heredar.

Lo que pasa en el país es de suyo lamentable, doloroso y sumemos la palabra triste. A esto hay que agregar la lectura que se está dando en el mundo, y en particular en EU, de lo que pasó en Culiacán y con los LeBarón.

El país está enredado con la violencia, la cual ante los recientes hechos entra en los terrenos de la sobredimensión, la alerta y la alarma. Así es como se están viendo las cosas fuera del país, así es como se van a ver a lo largo del proceso electoral estadounidense.

Somos vecinos y por más que el Gobierno haya querido llevar la relación en paz con Trump los hechos están construyendo nuevos escenarios en la relación bilateral, los cuales eventualmente podrían rebasar a los propios mandatarios.

Los ofrecimientos e insinuaciones que desde EU se le están haciendo al Gobierno mexicano pueden estar formando parte de una corriente de opinión, la cual puede pesar profundamente e influir en el proceso electoral.

Trump no ha dado indicios de confiabilidad. Sus relaciones con el mundo son por definición trompicadas, y a pesar de que hoy se hable de respeto mutuo y “del gran Presidente mexicano”, resulta difícil confiar y más cuando de por medio está la presidencia de su país.

EDITORIAL

Otra tarde de perros

Desde que Érick fue secuestrado, la familia LeBarón supo y entendió que sus vidas iban a cambiar, dijo hace algunos años Julián LeBarón.

Al no pagar el rescate, argumentando que sería el inicio de un chantaje interminable, sabían lo que se les venía; Érick terminó siendo liberado sin que se pagara ningún dinero.

La familia estaba clara que la decisión tendría un costo lo que la obligó a instrumentar todo tipo de estrategias de seguridad. Nunca se ha planteado enfrentar al narcotráfico o algo parecido; se enfocó en establecer un sistema de seguridad para lo cual habló con las autoridades.

Durante mucho tiempo los LeBarón recibieron todo tipo de amenazas, las cuales obligaron a que algunos integrantes de la familia vivieran materialmente escondidos.

Todo cambió de manera dramática cuando Benjamín LeBarón, representante de la familia, y su cuñado, Luis Whitman, fueron asesinados en julio de 2009. Fue la prueba de que los narcotraficantes no habían olvidado las afrentas que para ellos fue la reacción familiar ante el secuestro de Érick.

De nuevo fueron con las autoridades y les plantearon: “si no pueden protegernos, permítanos armarnos”. (Marcela Turati, Proceso).

Los LeBarón no sólo padecían a la delincuencia organizada; tuvieron que enfrentar también a los policías infiltrados. En medio de todos estos acontecimientos, la familia adquirió atención nacional, a lo que se sumaba que son una comunidad menonita en el norte del país que vive, en algún sentido, aislada y bajo sus propias reglas. Lo que es un hecho, es que a lo largo de todo este tiempo están plenamente reconocidos, ubicados y respetados en Chihuahua.

Julián LeBarón se convirtió en el representante de la familia. Hoy es un importante defensor de derechos humanos destacándose por su fuerza y convicción, lo que lo ha llevado a tener una significativa presencia nacional.

Durante algún tiempo formó parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por Javier Sicilia, del cual se separó por diferencias hace poco tiempo.

En una de las conversaciones que sostuvimos con Julián LeBarón, saliendo de la anticlimática reunión de seguridad con Felipe Calderón, en el Alcázar de Chapultepec, nos decía que lo que ha vivido la familia ha sido una pesadilla y que no descartaba que en cualquier momento fueran de nuevo atacados.

Las críticas de Julián a las autoridades han venido creciendo. Ya no se trataba sólo de su familia; en su recorrido por el país fue tomando conciencia de lo que se vive no sólo en su comunidad. Una y otra vez, nos decía, que no enfrentaban al narcotráfico, lo que querían era simple y sencillamente vivir en paz.

La historia de los LeBarón no es excepcional en el país. Ellos bien pudieron migrar a EU, pero decidieron, por razones personales y comerciales, quedarse en México. No es nuevo que tengan problemas de seguridad, pero desde siempre han sido respetuosos de las leyes, entendiendo que su vida interna es distinta a buena parte de como vive la gran mayoría de las familias; “no aceptamos, ni aceptaremos, el derecho de piso”.

Lo que vivieron los LeBarón en la sierra de Chihuahua pudo haber sido una “confusión”, pero es un hecho que la familia era sistemáticamente amenazada, como en varias ocasiones nos lo dijo Julián LeBarón.

El activista narró lo que vivió: “una de mis primitas fue herida de bala, pero levemente, caminó alrededor de 14 km antes de que la encontráramos…. otros seis niños llegaron caminando al rancho; uno de ellos con una lesión en la mejilla… yo mismo vi los cuerpos”.

Fue lamentable cómo los legisladores se lanzaban culpas ayer. Es un problema integral, provocado por erráticas políticas de seguridad, en donde ya le pasan la cuenta al actual Gobierno.

EDITORIAL

Semanas difíciles

Desde el cuestionado triunfo de Felipe Calderón en 2006, la relación Gobierno y medios ha sido por lo general de confrontación.

Los grandes medios se han ido acomodando ante los nuevos escenarios políticos. Calderón tuvo a la mano tomar decisiones importantes para establecer una nueva relación, pero al final todo acabó en las complicidades de ida y vuelta.

La gestión del panista terminó sobrellevando las grandes cadenas de televisión y radio, en tanto que la prensa escrita y la inicial presencia de las redes se convirtieron en el eje de la crítica. Calderón fue señalado por muchos medios y periodistas, lo cual en función de los actuales escenarios es importante recordarlo.

Con Peña Nieto todo fue efectivamente un batidillo. La complicidad se fue diluyendo porque para los medios era casi imposible defender al Presidente, aunque no desapareciera la relación complicidad-dinero.

Es cierto que López Obrador está siendo el Presidente más observado y quizá más criticado. Son diversas las razones, destaquemos dos: por un lado, el Gobierno con todo y los trompicones en los que anda está abordando y afectando estructuras anquilosadas cargadas de intereses.

La forma bajo la cual se están haciendo las cosas es lo que se cuestiona. La fórmula de “tengo otros datos” está enfrentándose con la terca realidad, lo que está llevando a una serie de inquietudes de empresarios e inversionistas, al tiempo que la economía en algunas áreas se encuentra congelada y sin crecimiento.

Tiene razón el Presidente cuando habla de la dificultad de mover el elefante, el problema está siendo hacia dónde lo quiere mover. El verdadero reto es la economía, la cual muestra pocos signos alentadores.

Por otra parte, la relación medios-López Obrador no ha sido fácil. El Presidente ha arremetido contra los medios lo cual en muchos casos se pudo evitar. Estamos también ante otro hecho inédito, por lo general los presidentes hacían mutis o pasaban de largo a los medios bajo el lamentable “ni los veo ni los oigo”. Con López Obrador, para bien y para mal, esto no se da ni por asomo.

Si estamos ante inéditos no hay manera de que la vida política del país tenga referentes. Muchas cosas se van viendo y resolviendo sobre la marcha, a lo que se suma que algunas reacciones del Presidente son de botepronto, lo que lleva a que los escenarios se enrarezcan y que se pierda de vista qué es importante y qué asuntos pueden ser eventualmente distractores.

Hace unos días estábamos en medio del delicado y pendiente asunto de Culiacán y hoy, de la noche a la mañana, estamos hablando de golpe de Estado, de bots y de conspiraciones sin tener muy claro a qué se debe; en el mundo de las especulaciones todo cabe y muy probablemente también se apueste a ellas.

Lo que está claro es que ya nadie se queda sin responder, lo cual tiene un lado altamente positivo, pero por otro ahonda la confrontación y la incomunicación.

Una nueva variable es el hecho que los militares están mostrando una faceta diferente. Algunos de ellos no tienen empacho, con razón, de opinar.

No vemos intentona golpista detrás del discurso del general Gaytán. Su opinión adquiere particular relevancia por Culiacán, pero detrás de ello también están los muchos años de colocar a los soldados al límite, lo cual está fuera de sus funciones originales; no se puede soslayar el hartazgo militar de años.

Día con día al Presidente le van apareciendo detractores y críticos con los cuales debe saber lidiar, por más que le merezcan poco respeto. Estos días se le ha visto por primera vez impaciente y con respuestas cuestionables.

López Obrador está en medio de sus semanas más difíciles y no se está ayudando.

EDITORIAL

 

Relevo en la CNDH

 

El 3 de octubre, las Comisiones de Derechos Humanos y de Justicia del Senado publicaron la convocatoria para designar al titular de la CNDH. El 15 de ese mes emitieron un acuerdo que publicó los nombres de los aspirantes que cumplieron los requisitos. La lista de estas 57 personas muestra varios hechos interesantes. El primero es que el actual titular de la CNDH no buscó la reelección.

Es notorio que, a diferencia de procesos anteriores, ningún colaborador del ombudsperson se inscribió para sucederlo. Destaca también el número de expresidentes y presidentes de comisiones de las entidades federativas que decidieron probar su suerte pues ocho de ellos (Hidalgo, Jalisco, Oaxaca [dos], Puebla, Querétaro, Sonora y Veracruz).

Un aspecto singular es el relativo a lo que podríamos llamar “aspirantes profesionales”. Me refiero a algunos candidatos inscritos en el proceso de hace cinco años y que, lejos de desanimarse, decidieron volver a probar su suerte. Otro grupo entre estos aspirantes es el que comprende a quienes han participado en otros procesos de designación de cargos públicos. Entre ellos hay dos que en enero pasado intentaron ser nombrados titulares de la Fiscalía General de la República. Otros dos se postularon para el Comité Ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción y hay uno que buscó ser comisionado del Instituto de Transparencia de Jalisco. Hay inclusive una persona inscrita simultáneamente en el proceso para designar a dos integrantes del Consejo de la Judicatura Federal.

Es importante destacar que cuatro de los 10 integrantes del Consejo Consultivo de la CNDH se inscribieron para convertirse en ombudsperson. El asunto perfila un posible conflicto de interés, pues su participación en el órgano constitucional les concede una ventaja de la que carecen los demás aspirantes. Aunque esto en sí es malo, las consecuencias pueden ser peores. Si la titularidad de la CNDH recae en alguien ajeno al Consejo, el próximo ombudsperson tendrá que enfrentar a los consejeros que el Senado decidió no nombrar. Será difícil distinguir en el futuro si su crítica es imparcial o si se origina en una revancha por no haber ocupado el cargo. Parece pertinente que, en las próximas designaciones, el Senado cuestione a quienes intenten ser consejeros si sólo buscan integrar el Consejo o si utilizarán la posición como peldaño para ser ombudsperson.

Otro posible conflicto de interés se observó en el proceso de formación de la terna. El 29 de octubre, la mayoría de los integrantes de la comisión senatorial determinó que estaría integrada por Arturo Peimbert, Rosario Piedra y Jesús Orozco. La senadora Micher se inconformó proponiendo una terna alternativa: aunque mantenía a Rosario Piedra, le agregaba a Ricardo Bucio y Michael Chamberlin. El defensor más vehemente de la segunda terna fue el senador Álvarez Icaza, quien ha omitido señalar su cercanía con el aspirante Bucio, de quien fuera jefe durante los ocho años que estuvo al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

EDITORIAL

El video de la tarde de perros

Es encomiable que el Gobierno dé a conocer detalles de lo sucedido en la tarde de perros en Culiacán; sin embargo, también es importante verlo como una obligación, aunque en innumerables ocasiones no se haya visto así.

No hay muchos antecedentes porque, por lo general, se escondían las cosas sin saber qué había pasado. Veíamos a los personajes detenidos, siendo presentados en el MP; o subiéndose a un avión para ser llevados a la Ciudad de México o ser deportados a EU.

El ejercicio de transparencia del miércoles contrasta con lo que se ha presentado durante mucho tiempo. La sociedad se la ha pasado sin saber qué es realmente lo que sucedía en lances de este tipo, lo que llevaba a todo tipo de conjeturas; más si partimos de las complicidades históricas entre la delincuencia organizada y la autoridad.

También hemos pasado por momentos informativos tramposos, como sucedió en los casos de secuestros o presentación de personajes ligados al narcotráfico. Hay en estas historias entrevistas como la que le hicieron a La Barbie, que terminó por ser una fallida puesta en escena. También vimos entrevistas a personas liberadas por secuestro, que eran presentadas ante los medios como si todo fuera en vivo, siendo que los hechos se habían dado días antes.

Uno de los momentos más lamentables fue el caso Florence Cassez. Las consecuencias de la puesta en escena, de la mano de la complicidad y trampa de algunos medios, llevó a que la francesa saliera de la cárcel en medio del escándalo y por una serie de ilegalidades, las cuales llevaron a una confrontación entre los gobiernos de Francia y México.

El Gobierno está cumpliendo con su obligación. Faltan muchas cosas por ver y muchas preguntas por responder sobre la tarde de perros. La perspectiva legal de lo que pasó sigue siendo un enigma.

Ovidio Guzmán le pide a quienes forman parte de su banda delincuencial, según se aprecia en el video, que “ya le paren al desmadre, ya me entregué”. La cuestión es a quién se entregó, siendo que las autoridades aseguran que no fue “formalmente detenido”.

Todo indica que se metieron a la casa del hijo de El Chapo violando las leyes que deben defender. A Ovidio, quien estaba al menos bajo el presunto control de la autoridad, se le permitió hablar por teléfono para repartir órdenes.

Lo que vimos no es exactamente el minuto a minuto; hay muchas cosas que no conocemos. Una de ellas es saber cuáles fueron los términos para liberar al capo y qué fue lo que pasó a lo largo de la tarde de perros en que se tuvo “detenido” a Ovidio, además de conocer con quién se llevó a cabo el proceso de negociación. Suponemos que todo esto lo debe tener la autoridad visualmente registrado.

Entendemos que hay muchas preguntas que requieren de tiempo para ser respondidas. Sin embargo, lo que sigue estando a la vista son las inconsistencias informativas, que en algunos casos tienen que ver con el papel que jugó el Presidente; seguimos en la duda si sabía o no del operativo.

Cuesta trabajo suponer que no pudiera estar al tanto, él mismo ha insistido en que el Ejecutivo está informado de todo.

No somos de la idea de que los medios hayan “enseñado el cobre”. Mucho de lo informado esa tarde se debió a la falta de reportes oficiales que pudieran permitir a los medios informar cabalmente.

Al final, buena parte de lo que se registró se debió a lo que transitaba por las redes y a lo que se dijo en la confusa conferencia de prensa de la noche, encabezada por el titular de Seguridad.

Lo del miércoles fue un genuino ejercicio de transparencia y también una obligación, aunque en el pasado no se haya hecho o se haya evadido.

Falta conocer la segunda parte de la tarde de perros y qué piensan en la Sedena del discurso del general Galván.

Las coberturas

 

El muy lamentable accidente que sufrió un grupo de periodistas que cubría las actividades del Presidente, pone en la mesa la imperiosa seguridad sobre la cual deben moverse, y también la relevancia que tiene su trabajo, el cual no debe soslayarse como se ha querido insinuar.

Lo primero es particularmente relevante porque un incidente puede ser de fatales consecuencias. Desde hace tiempo los periodistas cubren las giras presidenciales con el dinero de los medios de comunicación donde trabajan, y en algunos casos el que sale de sus bolsillos.

La Presidencia dejó de pagar las coberturas de los periodistas desde principios de los 90, tanto en viajes como alojamiento. El cambio fue sano, en muchas ocasiones las coberturas casi eran dictadas desde las oficinas de gobierno dándose una complicidad profundamente insana.

Las cosas han ido cambiando a pesar de la histórica relación entre dueños de medios y el poder político. A menudo se decidían los procesos informativos a través de llamadas entre estas instancias para que al final todo se consumara en la redacción.

Lo que es un hecho es que la decisión fue positiva porque en muchos casos se tomó distancia por parte de los periodistas, lo que permitió procesos informativos libres e independientes. La situación obligó a los medios a desarrollar nuevas estrategias para difundir noticias precisas y atractivas de lo que los periodistas iban viendo y cachando.

Muchos medios entraron en problemas económicos. La decisión era estratégica y de convicciones: se hacía un esfuerzo económico para mandar a periodistas a las giras o se reportaban éstas a través de los boletines, que por lo general se desarrollan bajo una suerte de todo es reír y cantar.

Muchos reporteros buscaron con su trabajo profesional hacer a un lado los históricos y perversos compromisos entre medios y el poder político. Con todo, muchas informaciones seguían pasando por los boletines de la Presidencia o de las dependencias oficiales.

Para los periodistas estos escenarios les permitieron depender de los medios para los que trabajaban más que para el Gobierno que les pagaba el viaje con todo incluido. Como fuere se empezaron a crear escenarios determinados por el buen o por el desigual trabajo periodístico.

Los periodistas se vieron obligados a pasar sanamente a la ofensiva para dar batallas informativas, las cuales se trasladaron a las redacciones de los medios para los que laboraban.

Las coberturas sobre las actividades del Presidente son fundamentales. Hay que defenderlas porque un trabajo de esta naturaleza no empieza y termina en función de lo que dicen los boletines oficiales.

Pasa por el tamiz del periodista que debe buscar más allá de un acto político o un mitin. Los periodistas van a ver, a conversar y a desmenuzar el entorno para informar y así contar historias.

A menudo la mejor información para los lectores, televidentes, radioescuchas y lo que vemos en las redes tiene que ver con lo que el periodista ve. Es lo que le da sentido a la profesión porque se buscan todos los ángulos de lo que sucede, al fin y al cabo esto es lo que le da sentido al ejercicio periodístico.

Las coberturas ofrecen, además, una necesaria pluralidad para la sociedad. Los boletines ayudan, pero en el fondo terminan por mostrar una mirada unilateral de las actividades del Gobierno.

El accidente debiera ser visto para evitar futuros accidentes. El tema no es para plantearse si debe haber coberturas o no, hay que detenerse y replantearse la seguridad, tema que se mueve bajo responsabilidades compartidas.

Si algo nos fortalece informativamente son las muchas maneras que hay para ver y leer lo que pasa.

EDITORIAL

Latinoamérica se levanta

En los últimos meses hemos sido testigos de levantamientos populares en distintos países de nuestro continente. Sin importar el signo político, estamos presenciando manifestaciones cada vez más importantes que han, en algunos casos, terminado en una lamentable represión violenta.

¿Qué está pasando en nuestra región? Mientras los países que celebran elecciones entran en procesos de transición de derecha a izquierda y viceversa, los otrora ejemplos de estabilidad y crecimiento se hunden bajo el clamor popular. Chile, sin ir más lejos, ya cuenta con una veintena de muertos durante las marchas que llevaron a las calles este fin de semana a más de un millón de personas en una ciudad, Santiago, que apenas cuenta con 7 millones de habitantes. Viejos, jóvenes, ricos, pobres, de izquierdas, de derechas, de una religión o de otra, con ideología o sin ella… todos protestaron en Chile.

La ola más o menos generalizada de gobiernos de derecha que tuvo la región en la última década prometió llevar el crecimiento económico a sus países. Aprovechando la crisis mundial en la que Latinoamérica quedó bastante bien parada y en crecimiento, la idea era generar excelentes números macroeconómicos que le dieran la vuelta a una región atenazada por la pobreza y el rezago. Macri, en Argentina, por ejemplo, llegó al poder rodeado de esa aura de empresario exitoso, preparado para administrar el buen momento regional. La realidad fue otra y ahora Argentina se hunde económicamente y regresa al peronismo.

El crecimiento llegó, la pobreza se redujo efectivamente en algunos países como Brasil y Chile. Pero no pudimos dejar atrás los fantasmas latinoamericanos que tanto daño nos han hecho. Brasil se llenó de sospechas y de corrupción, una nueva ola de políticos tomó el poder imitando la mano dura y el divisionismo de las etapas más ásperas de las dictaduras latinoamericanas. Por su parte, Chile creció y creció, pero jamás logró abatir la desigualdad social. Mientras la gente salía de la pobreza, la clase dominante se elevaba más y más en su riqueza y poder. Al final, la mitad de la sociedad chilena no goza de la bonanza y vive en gran vulnerabilidad.

En última instancia, lo que le pasa a Latinoamérica es lo de siempre. Tenemos gobiernos que no representan a su pueblo; que se alejan de él y que sólo responden a intereses particulares. Desigualdad, corrupción y falta de representatividad. Sin embargo, los pueblos latinoamericanos han crecido y ahora exigen y se movilizan más. Piden que la democracia sea real y no se limite a una cierta alternancia entre grupos de poder. El modelo partidista latinoamericano está en decadencia y la gente no dejará las calles hasta ser escuchada o acallada.

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