EDITORIAL

Culiacán en su día después

Pareciera que la tarde de perros en Culiacán se convirtió en uno de los momentos que los detractores de López Obrador estaban esperando.

Independientemente de los errores, la apuesta en contra del Gobierno no tiene sentido, es oportunismo y una primitiva mirada de país. La razón única y suficiente está en que lo que sucedió nos afecta a todos.

La inseguridad y la violencia no se pueden convertir en elementos para arremeter contra el Gobierno en medio de las muy dañinas filias y fobias.

Es un absurdo que la vencida oposición, no sólo la partidista, coloque el tema para enfrentar más que para entender las complejidades que se viven con la delincuencia organizada.

Al mismo tiempo, tampoco tiene sentido que el Gobierno se mueva entre matices para en algún sentido hacer ver las cosas como si fuera un triunfo. La sensatez y el respeto a las vidas humanas es un asunto que se debió contemplar antes de que se metieran en un inexpugnable laberinto.

Reconocer que se tomó al final una medida sensata y prudente no quiere decir que en su conjunto se haya actuado acorde a las circunstancias. El lenguaje utilizado estos días por el Presidente no ayuda, porque en él no se alcanza a apreciar la necesaria autocrítica, indispensable bajo lo sucedido.

Quizás tenga razón López Obrador cuando insiste “en que nuestros adversarios nos quisieran ver fracasar”. Sin embargo, éste es uno de los asuntos nacionales que va más allá de señalar al neoliberalismo y al pasado, sin dejar de reconocer la herencia maldita.

No se pueden pasar por alto las consecuencias de la tarde de perros. Por un lado, la sociedad culichi va entendiendo lo que pasó y sobre todo el porqué de la decisión que permitió que Ovidio Guzmán López fuera liberado, que por lo que se ve nunca estuvo en sentido estricto detenido.

Este entendimiento ciudadano no implica que vaya aparejado con su tranquilidad. A decir de expertos, una de las maneras en que pueda salir el Gobierno del gran problema en que se metió sería deteniendo al hijo de El Chapo. La tarea es de enorme complejidad a la par que los ciudadanos, en un buen número de casos, prefieren que durante un tiempo el tema no se toque y menos se intente hacer algo.

En Culiacán la gente no come lumbre. Ha “vivido” con el narcotráfico durante mucho tiempo, entiende que en la cotidianidad no hay que meterse con ellos y que ellos toman distancia con la ciudadanía, al tiempo que es público también que a menudo ayudan a la gente.

Es fundamental devolverle a Culiacán su singular tranquilidad. La pesadilla de la tarde de perros rompió los precarios equilibrios, al tiempo que evidenció la correlación de fuerzas. Dicho de otra manera, una cosa es que se hable de la fuerza y poder de los narcotraficantes y otra muy distinta es tener pruebas fehacientes de ello.

Otra variable de relevancia es que quienes salieron a las calles armados eran jóvenes. Es la ratificación de cómo la delincuencia organizada se ha convertido en opción para ellos. Es muy probable que sean parte de la sociedad culichi, y es probable también que se conviva con ellos y que incluso sean los vecinos.

Habrá que preguntarse si estamos hablando de la descomposición social, o de una nueva y muy preocupante composición social.

Finalmente, el Gobierno tiene que preguntarse cómo vio el mundo la tarde de perros. El hecho fue interpretado como una derrota del Gobierno y como un acto improvisado. Las felicitaciones de Trump deben ser vistas con cautela, no necesariamente son para presumir.

El Gobierno tiene que hacer acuse de recibo y hacer un balance autocrítico y reconocer que no es tan cierto que “nos hayan hecho lo que el viento a Juárez”.

EDITORIAL

Revocación y ley fiscal penal

Varios presidentes han tenido la tentación de reelegirse. Algunos buscaron hacerlo moviendo sus piezas y a sus testaferros para sondear el terreno, pero al final a nadie se le hizo.

Echeverría y Salinas de Gortari sondearon el asunto, pero no existían las mínimas condiciones para hacerlo, sobre todo, por la forma en que terminaron sus sexenios. Los dos finalizaron en medio del caos, la crítica colectiva y el desprecio ciudadano.

Éstas y otras intentonas han enfrentado un espíritu y convicción histórica colectiva que les ha cerrado los caminos.

Existe la idea de que López Obrador quisiera reelegirse. No encontramos elementos de su parte ni vemos que existan condiciones para ello. Si bien hoy se viven condiciones hasta cierto punto inéditas que eventualmente pudieran cambiar los escenarios, la sociedad mexicana es hoy más activa al tiempo que se han creado condiciones de índole democrático y legal para impedirlo.

Lo que puede cambiar los escenarios es que existe un ánimo de confrontación que radicaliza posiciones y más cuando se trata de filias y fobias en torno al Presidente. Quizá a quien haya que cuidarle las manos es a los furibundos seguidores del mandatario, entre los cuales está más de algún legislador.

Los problemas más serios se ven en las acciones de gobierno. Insistimos que habrá quien no deje de pensar en la reelección o en colocar las cosas a modo, como sucede en BC, la clave está y estará en las convicciones del Presidente.

El punto más sensible por ahora lo vemos en la toma de decisiones del Ejecutivo, nos referimos a la gobernabilidad, a veces pareciera que vivimos bajo el “voy derecho y no me quito”. La inquietud pasa por la imposición de decisiones y por la intimidación.

La revocación de mandato aprobada el martes puede resultar de importancia para atajar la infinidad de especulaciones. Había un vacío legal que permitía todo tipo de interpretaciones, la revocación llena un espacio a pesar de que se puede convertir en un arma de dos filos.

Estamos atenidos a la voluntad tanto de la Presidencia como de su mayoría en el Congreso y un resultado positivo en un proceso de revocación puede llevar a que coloquen en la mesa de nuevo la tentación. Puede haber un sinfín de candados, el problema estará invariablemente en las convicciones, en el espíritu democrático y en el histórico concepto de no reelección.

La relativa mayoría, no sólo fue a través de Morena y sus aliados, aprobó la disposición. Algunos legisladores destacaron el reconocimiento del vacío en la materia, pero también en asumir que esto debiera cerrar la tentación de la reelección. Habrá que reconocer que la tentación siempre está latente, el tiempo dirá si cumplen con su palabra.

Otro de los asuntos que han provocado un rudo debate es la Ley Fiscal Penal. La mayoría morenista echó a andar su maquinaria asegurando que escuchó a todos. La cuestión no está sólo en escuchar, sino en atender lo que se planteó a morenistas y a la Presidencia.

El problema es de mayor envergadura y no tiene que ver necesariamente con que quienes se oponen a la ley estén a favor de los factureros. Los empresarios expresaron que en algunos casos no se debe penalizar la evasión fiscal sin que esto signifique que no se deba atacar.

Es un proceso que requiere de información, una cultura ciudadana, facilidades para desarrollar los trámites y ayudar a los pequeños contribuyentes que viven entre la desinformación y la tramititis.

Seguirá muy movido el Congreso. Se están abordando asuntos como en pocas ocasiones se ha hecho. La clave está en informar y escuchar y, sobre todo, en no caer en el síndrome de “a sus órdenes jefe”.

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Pobreza

El Premio Nobel de Economía 2019 le fue otorgado a Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer, los dos primeros del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el tercero de la Universidad de Harvard, por sus trabajos destinados a “aliviar la pobreza”, condición en la cual sobrevive el 43 por ciento de los mexicanos, por lo que el Nobel de Economía de este año es buen pretexto (como si se necesitara uno), para reflexionar sobre el tema, reflexión que debe comenzar por la definición de pobreza, misma que puede darse, desde el punto de vista de sus efectos, o desde el punto de vista de sus causas.

Desde el punto de vista de sus efectos la pobreza consiste en la carencia de los bienes y servicios necesarios para satisfacer correctamente las necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la vida, la salud y la dignidad de la persona.

Desde este punto de vista la pobreza se supera proveyendo a los pobres de los satisfactores que les faltan, provisión que por lo general realiza el gobierno, para lo cual debe redistribuir el ingreso, quitándole a Juan para darle a Pedro. En este caso se alivian, hasta cierto punto, los efectos de la pobreza, pero no necesariamente se eliminan sus causas, por lo que el problema de fondo persiste.

Desde el punto de vista de sus causas la pobreza puede definirse como la incapacidad del pobre para, gracias a su trabajo, generar un ingreso suficiente que le permita adquirir los bienes y servicios necesarios para, por lo menos, satisfacer correctamente sus necesidades básicas.

Desde este punto de vista la pobreza se supera capacitando al pobre para que pueda realizar un trabajo lo suficientemente productivo de tal manera que, si se dan las otras condiciones necesarias para ello (por ejemplo: que alguien demande su trabajo), sea capaz de satisfacer por sí mismo sus  necesidades, autonomía que forma parte de la dignidad de la persona, quien debe vivir gracias al trabajo propio, no gracias al trabajo de los demás (que es lo que sucede cuando el gobierno le quita a Juan para darle a Pedro).

Se afirma que la pobreza se supera generando riqueza, lo cual es cierto, pero sin olvidar este detalle: dicha riqueza la deben generar los pobres para lo cual deben adquirir las capacidades que se los permita (por ejemplo: aprender a pescar) y contar con las demás condiciones necesarias para lograrlo (en este caso desde la caña de pescar y la lancha hasta el lago con peces).

En la medida en la que las propuestas de Duflo, Banerjee y Kremer para combatir la pobreza se dirijan, no solo a aliviar sus efectos, sino a eliminar sus causas, estarán contribuyendo, de manera correcta, a la superación de una condición, la pobreza, que atenta en contra de la vida, la salud y la dignidad de la persona, algo inaceptable.

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La inseguridad como forma de vida

Entendiendo que el Gobierno está desarrollando nuevas estrategias para enfrentar la inseguridad, lo cual llevará tiempo instrumentar, no se puede pasar por alto el incremento de los problemas en diversos estados del país en la materia.

Las cosas se han agudizado de manera particularmente delicada. En Celaya, por ejemplo, se están viviendo escenarios al límite a grado tal que sus habitantes han dejado de salir por las noches; varios promotores han cancelado conciertos de música en la ciudad.

El viernes pasado fue suspendido un concierto de rock que llevaba meses organizándose. La razón de los empresarios fue que no tenían manera de garantizar la seguridad de los asistentes, a pesar de que se lo habían solicitado a las autoridades, quienes fueron las que recomendaron la cancelación.

Guanajuato se ha transformado. La paradoja es que es un estado con un muy significativo crecimiento económico, lo que ha llevado a que se eleve considerablemente la calidad de vida de sus habitantes.

Lo peor que nos ha pasado en muchas ciudades del país es que no nos ha quedado de otra que vivir con la violencia e inseguridad y, en algún sentido, acostumbrarnos. El caso de la Ciudad de México es de llamar la atención porque las autoridades pareciera que no reparan en lo que está pasando y cómo está afectando la vida de los capitalinos.

No hay día en que no haya un hecho de violencia que acabe con el precario equilibrio de las familias. Queda la impresión de que se ha perdido incluso la sensibilidad y solidaridad por parte de las autoridades.

Nadie duda que estén de manera cotidiana enfrentando el problema; sin embargo, no hay resultados que pudieran visualizar un futuro diferente. Más bien, a menudo sucede que cuando se voltea al fustigado pasado resulta que hoy las cosas se empiezan a ver peor que antes.

El Gobierno está en medio de un escenario que no tenía bien diagnosticado o que de plano pensó que las soluciones al problema estaban más a la mano.

Es definitivo que lo heredado es una losa difícil de romper. Lo que se señala es que en el discurso de campaña y del casi año de gobierno se ha planteado que las cosas se van a revertir en poco tiempo.

Cada vez se ve más complicado el ansiado proceso de transformación, no tanto por la voluntad manifiesta del Gobierno, sino por la terca realidad y quizá también por la forma en que se está abordando el problema.

Un ejemplo más lo tenemos en la forma en que actuó la autoridad en diferentes manifestaciones en la Ciudad de México. Quienes actúan violentamente tienen una suerte de permisividad para hacer lo que quieran;  cuesta trabajo aceptar que un grupo de ciudadanos se convierta en garante de la seguridad y que no sean los cuerpos de seguridad, diseñados exprofeso, los encargados.

Más de alguno de los trabajadores que formaron el “cinturón de paz”, entre forzados y por voluntad propia, manifestaron su inconformidad e incomodidad por lo que vivieron en las redes.

Cerremos con lo que pasó en Aguililla, Michocán. Policías estatales fueron emboscados por integrantes del CJNG, el saldo al momento es de 13 personas muertas. La zona donde se llevó a cabo el atentado es la llamada tierra caliente, lugar en que no han cambiado las cosas desde hace al menos 10 años. Ayer decía el fundador de las autodefensas Hipólito Mora que los cárteles se siguen “paseando en caravanas con gente armada, da la impresión como si las autoridades estuvieran de acuerdo…” (según Sin Embargo).

Algo que por ningún motivo debe pasar es que las autoridades piensen que las cosas van cambiando cuando la terca realidad atrapa a los ciudadanos día con día.

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Una consulta cuestionada

Las consultas ensanchan la democracia. La infinidad de temas que la sociedad enfrenta no pueden postergarse, o pasárnosla esperando pacientemente que a través de un proceso electoral se discutan y se decida acerca de ciertos temas.

La cuestión está en la forma y el fondo bajo el cual se realizan. En esto todo cuenta, desde la metodología que se utiliza, pasando por la manera en la que se redactan las preguntas, hasta la muestra que se considera para darle valor representativo al ejercicio.

No tiene sentido apelar a las consultas cuando éstas no cumplen con los requisitos básicos de organización y metodología. Al final, lo que se pretende es más que consultar, buscar un mecanismo para justificar una decisión tomada con anterioridad.

Muchas veces se usa la consulta para decidir lo que se quiere desde el poder o desde la perspectiva de quien la realiza. Por más que al final se tomen decisiones en función de las consultas, si éstas no cumplen con lo básico, para lo único que sirven es para justificar decisiones. Lo que al final puede resultar más serio, es que por ello se desacredite el ejercicio per se, siendo que si algo busca es encontrar mecanismos de soluciones colectivas.

Independientemente de lo que acabe por pasar en la consulta que se llevó a cabo en Baja California, todo podría terminarse por verse manipulado. Se aplicó una consulta que de manera clara y con bases es cuestionada por el INE.

Difícilmente el resultado será contrario a Jaime Bonilla, quien a través de vericuetos legales está tratando de ser gobernador por cinco años. Recordemos que el proceso en el cual participó y ganó estaba claramente establecido; quien gane la elección gobernará por dos años.

Sin dejar de reconocer el valor de las consultas, nos hemos encontrado con que al Gobierno le ha dado por una especie de “consultitis”, sin reparar en la importancia que tiene el cómo hacerlas, lo cual es lo que le da valor, sentido y representatividad.

La multicitada consulta acerca de la construcción del NAIM no nos dejó la mejor de las herencias. El ejercicio resultó desigual, a lo que se sumó que el entonces Presidente electo acabó por participar, por más que haya dicho que no haría público su voto.

Jaime Bonilla sigue caminos similares contando con que su “amigo”, el Presidente, no ha sido claro respecto a lo que piensa de ello. Este fin de semana, López Obrador de plano envió el proceso, pase lo que pase con la consulta, a la Corte.

A diferencia de ello, Olga Sánchez Cordero ha sido consistente y clara respecto al debate que se ha suscitado en BC. Lo ratificó en su comparecencia, donde fue suficientemente clara para despejar cualquier duda, a pregunta expresa de la claridosa Beatriz Paredes.

Todo indica que vamos a tener por delante muchas más consultas. Insistimos: es un ejercicio por innumerables motivos importante y estratégico; pero mientras no queden claras las reglas, las consultas van a terminar definiéndose por quienes las hacen y no por quienes participan en ellas.

Si queremos alentar la necesaria participación de los ciudadanos, se tiene que ofrecer claridad y, sobre todo, certidumbre. Para ello es imprescindible ofrecer información que les permita decidir; no se trata de llegar a las consultas en medio de procesos manipulados, que de alguna u otra forma, ya tienen definiciones establecidas. Se requiere que los participantes tengan información clara y precisa, que les permita tener criterios para decidir.

Las últimas consultas que se han hecho no necesariamente arrojan un buen balance. No las desacreditemos; más bien, pongámonos de acuerdo con los especialistas el cómo hacerlas.

La consulta en BC, sea cual fuere el resultado, todo indica que terminará por agrandar el lío que ya tienen.

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No son el patito feo

A muchas universidades públicas les ha faltado rigurosidad en la planeación y manejo de sus recursos. En algunos casos también se han ejercido cacicazgos que han menguado seriamente su desarrollo.

Es cierto que todo esto ha afectado el proceso educativo. En algunos casos la formación de los estudiantes ha sido irregular, pero en general, hay un reconocimiento sobre la capacidad de los egresados, lo que les ha permitido lo fundamental: conseguir empleo e influir en sus comunidades.

Los muchos problemas en torno a estas instituciones ha afectado antes que a nadie a las propias universidades. A río revuelto, sin duda, habrá quien se haya beneficiado, pero en el fondo, el gran perdedor ha terminado siendo la comunidad universitaria.

Las universidades públicas se vieron seriamente tocadas en su imagen por el oprobioso caso de la Estafa Maestra. Se hicieron injustas generalizaciones, lo cual acabó afectando a todas de manera indiscriminada.

Quienes instrumentaron la Estafa Maestra no repararon en lo más mínimo en cómo lo que hacían podía repercutir en la vida universitaria. A esto se suma la oprobiosa ambición y complicidad de directivos en algunas instituciones; las consecuencias están a la vista.

Estos hechos han calado seriamente porque además sigue siendo un enigma en dónde están las responsabilidades y quiénes lo perpetraron. Los propios universitarios no saben lo que pasó en sus instituciones, porque no se han tomado medidas legales para determinar con precisión lo que eventualmente sucedió, y sobre todo, quiénes fueron los responsables.

La detención de Rosario Robles es parte de ello, pero al interior de las universidades poco o nada ha pasado. La Estafa Maestra lastimó a la sociedad, pero particularmente a algunas universidades públicas. Además de los deleznables propósitos que había detrás de esto, a las universidades les ha provocado serios problemas, al tiempo que hay quienes se han aprovechado, no casualmente, a lanzar críticas de toda índole a las instituciones.

No somos de la idea de que el paro del día de ayer en algunas universidades públicas, exigiendo mejores presupuestos, sea un “chantaje”. No es un hecho común que se presente un paro como éste, más bien hay que verlo e insertarlo en la crítica que se le ha hecho al Gobierno respecto a la distribución de los dineros en la educación superior y en el desarrollo de la actividad científica.

Quienes trabajan y estudian en universidades públicas saben bien que a menudo se sobrevive más que se vive. Insistimos, no se soslayan las irregularidades y el desaseo con que a veces se manejan, junto con los singulares arreglos que suelen tener en ocasiones con los sindicatos.

Sin embargo, esto no debe ser ocasión para menospreciarlas y dejar de reconocer e identificar sus grandes virtudes sin omitir sus muchos problemas económicos, los cuales en innumerables casos son solventados por la voluntad y vocación de los universitarios.

Una preocupación genuina es la referente a la desigual importancia que se le está concediendo a las universidades por parte del actual Gobierno.

La formación del conocimiento en los jóvenes es un mecanismo que les permite ingresar al mercado de trabajo, además de que lo ensancha. Hay que ver también las cosas bajo la óptica del papel de los egresados quienes han sido y deben seguir siendo parte medular de la transformación del país.

La educación es un medio para que los jóvenes y sus familias puedan acceder a mejores condiciones económicas y sociales.

Es también lo que les permite desarrollar sus sueños, los cuales no tenemos derecho alguno a romper, inhibir o frustrar.

En la educación superior pública y privada, y la ciencia está un componente estratégico de la transformación.

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Restaurar la confianza

Hace un año, después del triunfo de AMLO, se escribía esto: “el que haya sido un gran día para la democracia no es sinónimo de un buen futuro para los mexicanos. El que hayamos elegido democráticamente no quiere decir que hayamos elegido correctamente, sobre todo si existe la posibilidad de girar 180 grados y pasar de una economía basada en la empresa privada, la competencia y el libre comercio, a otra basada en la intervención gubernamental, los monopolios estatales y el proteccionismo, giro que muchos consideramos posible con AMLO. ¿Qué tan probable será?”

Hoy, un año después, la empresa privada sigue operando en el país (no ha habido expropiaciones ni se han propuesto), muchas de esas empresas están sujetas a la competencia, tanto nacional como extranjera (aunque AMLO quiere restaurar el monopolio de CFE y PEMEX en electricidad y petróleo, cancelando la Reforma Energética), y, sobre todo frente a las amenazas proteccionistas de Trump, AMLO está a favor del libre comercio (aunque pretende la autosuficiencia en ciertos alimentos y combustibles).

El principal problema creado por AMLO ha sido el golpe dado a la confianza de los empresarios, nacionales y extranjeros, quienes a partir de la cancelación de la construcción del NAIM en Texcoco, a finales de octubre pasado, han dejado de invertir directamente en México, y allí está el comportamiento de la Inversión Fija Bruta (IFB), que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo; para probarlo: en octubre creció 1.9 por ciento y en marzo, último mes para el que tenemos información, decreció 5.9.

Ese golpe a la confianza de los empresarios, traducido en la caída de la IFB, ocasionó un menor crecimiento de la economía, medido por el comportamiento del Producto Interno Bruto, que en el tercer trimestre de 2018, antes de la cancelación del NAIM, creció 0.7 por ciento, para decrecer 0.2 por ciento a lo largo del primer trimestre de 2019.

Cierto, no ha habido expropiaciones, muchas empresas están sujetas a la competencia, y el gobierno no ha impuesto medidas proteccionistas. Pero también es cierto que medidas que van, desde la cancelación del NAIM, pasando por la cancelación de licitaciones petroleras, hasta la apertura de procesos de arbitraje para la revisión de contratos para la construcción de gasoductos, han hecho de la mexicana una economía menos segura y confiable, lo cual se ha traducido en una preocupante caída en la IFB, con el resultado inevitable: decrecimiento de la economía, lo cual afecta la producción de bienes y servicios, la creación de empleos y la generación de ingresos.

Para enderezar el rumbo que está tomando la economía, es indispensable restaurar la confianza de los empresarios, algo que la 4T no está dispuesta a hacer. ¡Grave error!

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La resiliencia liberal: una respuesta a Vladimir Putin

En una entrevista con Financial Times, el presidente ruso Vladimir Putin declaró la obsolescencia de los valores liberales. Resulta curioso que alguien pueda decretar la muerte de una ideología, tras la evidencia de sucesivas defunciones y resucitados del pasado siglo XX.

Empero, dado el ascendiente de Putin sobre una amplísima —y heterogénea— franja de la opinión y política antiliberales de todo el orbe, su dicho amerita un comentario en estas apretadas líneas.

En 1919 fue diagnosticada la decadencia de Occidente, sin embargo este sobrevivió a las dos Guerras Mundiales y a los totalitarismos. En los 60 fue popular la decrepitud del capitalismo, pero éste mutó —hasta el presente— de la sociedad industrial a la postindustrial, del mercado nacional a la globalizacion. Para 1989 se decretó la muerte del marxismo, aunque aún hoy éste siga vigente como crítica de las injusticias y contradicciones de la sociedad de mercado.

Si el liberalismo es, como señalé hace años, el conjunto de concepciones y proyectos basados en el reconocimiento de la pluralidad sociopolítica, la iniciativa económica individual y el protagonismo de las libertades personales en el entorno descentralizado, asimétrico y jurídicamente regulado de la modernidad capitalista, varias cosas son evidentes. Primeramente, que se trata de una cosmovisión capaz de albergar —desde un legado común— posturas divergentes sobre los alcances y contenidos de la libertad y la justicia, en función de los disímiles contextos nacionales y genealogías ilustradas. Hayek y Bobbio en lo intelectual, Tatcher y Merkel en lo político, representan posturas diferenciadas sobre la relación entre el Estado, el Mercado y la Sociedad. Capaces de ilustrar la riqueza y pluralidad liberales.

Sumemos que ninguna nación contemporánea puede declararse antiliberal. Así tengan sus economías una fuerte presencia del nepotismo o el estatismo —como la rusa o la china—, la búsqueda de la realización en el mercado, desde la figura del individuo productor/propietario/consumidor, es parte del imaginario de nuestros países. Y nuestras sociedades, incluso allí donde las formas del liberalismo político no son dominantes, se representan a sí mismas como conglomerados de ciudadanos, dotados de ciertos derechos y deberes que, al menos formalmente, deben reconocer sus gobernantes.

Alude a Putin a la crisis del liberalismo, que podemos asimilar al desencanto ciudadano y el ascenso de los partidos populistas. Valdría la pena debatir cuanto hay, en esos fenómenos, de crítica democrática a los problemas de las poliarquías y cuanto de ruptura, tout court, con las normas y valores del modelo demoliberal. Estamos lejos de poder dar una respuesta unívoca, universal y definitiva, a este problema. Pero, en todo caso, no parece ser en los predios de una autocracia cada vez más solipsista como la rusa, donde vale la pena buscar diagnósticos confiables sobre el “apocalipsis” liberal.

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Estados Unidos y el socialismo democrático

La fuerza que adquiere la tendencia socialista dentro de la campaña demócrata, en Estados Unidos, obliga a abandonar lugares comunes sobre la izquierda en ese país. Es cierto que pocas sociedades occidentales siguen siendo tan proclives al anticomunismo como la estadounidense. En medios de comunicación y redes sociales de ese país —no necesariamente de derechas—, se confunde con frecuencia comunismo y socialismo o comunismo y cualquier modalidad de la izquierda populista o, incluso, liberal.

La idea de que Estados Unidos, a diferencia de Europa y América Latina, no es tierra fértil para el socialismo, entendiendo por este último, fundamentalmente, la socialdemocracia, no proviene del macartismo o la Guerra Fría. Es más vieja y se lee en el temprano ensayo del sociólogo alemán Werner Sombart, justamente titulado ¿Por qué no hay socialismo en Estados Unidos? (1906). Tras analizar la pérdida de poder electoral de los socialistas norteamericanos, entre fines del siglo XIX y principios del XX, Sombart concluyó que, a diferencia de Europa, Estados Unidos no favorecía la aparición de partidos socialdemócratas.

La nación del Norte, decía el sociólogo, era la Canaán del capitalismo. Sin aristocracia feudal y con una mayor igualdad jurídica, a pesar de la esclavitud, el capitalismo se desarrollaba allí a mayor velocidad que en Europa. Pero en Estados Unidos ese desarrollo se mezclaba con una democracia republicana que, desde principios del XIX, dotaba a la ciudadanía de un espíritu excepcionalista y providencial. Según Sombart, ese espíritu había arraigado más en el movimiento obrero de lo que el propio liderazgo socialista, encabezado entonces por Eugene Debbs, estaba dispuesto a reconocer.

El movimiento obrero y los partidos socialistas en Estados Unidos crecieron hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, como en los países latinoamericanos, aquel crecimiento se vio opacado por la izquierda social y populista ligada al New Deal y al ala más reformista del Partido Demócrata. Durante la Guerra Fría, el anticomunismo restringió fuertemente tanto a la vieja corriente socialdemócrata de Norman Thomas, a los pocos comunistas que sobrevivieron a la crisis del browderismo y a las fuerzas radicales de la Nueva Izquierda. Sin embargo, el socialismo democrático nunca desapareció totalmente y el partido logró refundarse en 1973.

El fin de la Guerra Fría benefició, una vez más, a la izquierda liberal del Partido Demócrata antes que a los socialistas americanos. Los gobiernos de Bill Clinton y Barack Obama recibieron un importante apoyo de sectores progresistas y multiculturales, pero no incorporaron demandas propiamente socialistas. El actual resurgimiento del socialismo democrático se debe, como sostiene Patrick Iber, a la ausencia de un liderazgo fuerte en el Partido Demócrata y al impacto y las demandas de Occupy Wall Street y la campaña de Bernie Sanders en 2016.

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Relacionarse es un reto

Joe Swanberg es un prolijo director de películas de bajo presupuesto cuya última entrega es la serie Easy que puede verse en Netflix.

Swanberg escribe con sensibilidad y realismo sobre las relaciones humanas, interesado en entender cómo construimos las razones para estar cerca o lejos de alguien; qué nos lleva a enunciar cuál es la prioridad de la existencia o eso que algunos llaman tiernamente plan de vida: alcanzar el éxito como actriz, ser un gran escritor, encontrar al mejor marido del mundo y tener hijitos bonitos, saberse deseada y amada como si fuera vital para seguirse amando a una misma.

El nombre de la serie es una paradoja, porque las historias que presenta no son sencillas, ni superficiales ni ligeras. Los personajes hablan de qué los conmueve, qué les duele, de sus inseguridades, de las situaciones en las que se sienten patéticos o incapaces para amar o para sentir empatía. Los temas centrales son las relaciones de pareja, el deseo sexual, los celos y la territorialidad, los roles de género, el manejo de la distancia y la cercanía óptima, los experimentos que hacen las parejas de largo plazo para volver a sentir pasión en sus vidas, las dolorosas rupturas.

Swanberg cuestiona la ideología dominante sobre el amor, la monogamia y el impacto que tiene la visión personal del mundo en la armonía de una relación. También aborda la soledad de hombres y mujeres que salen obsesionados a decenas de citas con personas que no les interesan. Todo desde una aproximación emotiva y sincera.

Easy cuestiona el poder de la novedad, que dura poquísimo. Cuando se alcanza el objeto del deseo, suele perder brillo y deja de ser interesante. Ver a alguien más o menos tal y como es, puede ser una pequeña o gran decepción. La necesidad desesperada por sentirse deseado podría surgir de un estado depresivo o ansioso en busca de cura, de soledad histórica, fallas de autoestima y muchas otras razones. Los depredadores emocionales y sexuales también son retratados en la serie. Un novelista gráfico incapaz de sentir empatía le pide perdón a una (de muchas) mujer que lastimó en el pasado al reconocer su incapacidad para pensar en lo que sienten los demás.

Lo muy interesante de la serie es su curiosidad por comprender. La ausencia de juicio moral. La exposición de hechos clara y transparente para que cada quien saque sus conclusiones y se encuentre si le da la gana en alguno de los personajes: la feminista combativa que se descubre celosa aunque lucha por ser civilizada. El marido que a pesar de sentirse carente de atractivo y más bien patético, se lanza a la aventura de seducir a alguien que no sea su pareja de toda la vida. Mujeres más exitosas que sus parejas y todos los dilemas que surgen con el cambio en los roles tradicionales de género.

La densidad de temas y asuntos no cabe en un par de cuartillas. Vale la pena sentarse con calma frente a la televisión, que puede ser un acto de puro entretenimiento pero también un ejercicio de reflexión profunda.

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