EDITORIAL

Morena y el pastor

El Presidente lleva un buen rato pintando su raya con Morena. Parece que los únicos que no han entendido el mensaje son los propios integrantes del partido y, sobre todo, los suspirantes y sus escuderos.

Morena está en medio de un gran lío porque la lucha por la presidencia del partido lo está llevando a una división interna, la cual de alguna u otra manera se había  pronosticado.

No se ve cómo puedan llegar a acuerdos y más con la distancia que ha marcado el Presidente, la cual tiene muchas lecturas algunas de las cuales bien podrían pasar por un presunto desinterés.

Una hipótesis nada desdeñable es que el mandatario haya construido un partido a su imagen y semejanza con el único objetivo de alcanzar la Presidencia. Si así fuera la mirada e importancia que el Presidente le concede a Morena podría tener una especie de caducidad; sirvió para un objetivo concreto y le da vuelta a la página.

Todo indica que por más que algunos lo añoren y quieran metido en el proceso al gran elector éste no va a aparecer. El asunto va a quedar entre los morenistas lo que coloca a la organización en medio de una tesitura de grave riesgo porque siendo un partido en construcción, al no haber una voz que coordine y ordene el caos, y viendo que no hay cómo se puedan poner de acuerdo, todo queda expuesto en medio de esa evidente división.

Es para preguntarse cuáles pueden ser los motivos del Presidente para tomar distancia. Una de las fórmulas para que su proyecto sea transexenal va de la mano de que el partido pueda dar continuidad a los cimientos que hoy está construyendo.

El futuro del proyecto de López Obrador depende de lo que haga hoy y de la referida continuidad. Por más que hoy tenga altos índices de popularidad esto no significa que en automático su proyecto tenga asegurado el futuro.

Vendrán otros que no son como él a lo que se debe obviamente considerar que en cinco años muchas cosas pueden pasar en el país, como el eventual triunfo de la oposición en medio del cada vez más consolidado régimen democrático.

Morena está donde está por el Presidente. Es su mayor activo, pero esto no significa que tenga el partido garantizado ni los triunfos ni su sobrevivencia. Andan esperando “línea”, pero resulta que el gran elector no solamente toma distancia sino que también manda mensajes lapidarios al partido y a sus evidentes broncas internas.

Lo que va quedando claro es que el proceso de elección interna de Morena se está moviendo entre la confusión y el desaseo, los propios morenistas lo saben. Si el mensaje de López Obrador es inequívoco más vale que vaya buscando cómo entenderse porque el Presidente ya dijo que no se va a meter y, como le decíamos hace algunos días, “ahí se ven”.

El liderazgo del Presidente está profundamente personalizado. Las encuestas muestran la alta popularidad del Presidente, aunque algunas de sus políticas no resulten del todo satisfactorias o precisas para quienes lo apoyan.

Lo que va quedando claro es que una cosa es la imagen presidencial, la cual se mantiene fuerte y consolidada, y otra cosa es lo que los ciudadanos piensan sobre las decisiones que se han tomado, de su equipo, e incluso del partido al que pertenece, con todo y que hoy públicamente lo desdeñe.

Todo indica que el futuro de Morena no va a pasar por Palacio Nacional en un hecho que tiene tintes de inédito. Quizá lo que quiera decir el Presidente respecto a que se terminaron los tiempos del “partido único” tenga que ver con que éste no se maneja desde la Presidencia.

Si todos estos indicadores son ciertos Morena simple y sencillamente se quedó sin su pastor, y por lo que se está viendo no tienen la más pálida idea de cómo y qué hacer sin él.