EDITORIAL

Latinoamérica se levanta

En los últimos meses hemos sido testigos de levantamientos populares en distintos países de nuestro continente. Sin importar el signo político, estamos presenciando manifestaciones cada vez más importantes que han, en algunos casos, terminado en una lamentable represión violenta.

¿Qué está pasando en nuestra región? Mientras los países que celebran elecciones entran en procesos de transición de derecha a izquierda y viceversa, los otrora ejemplos de estabilidad y crecimiento se hunden bajo el clamor popular. Chile, sin ir más lejos, ya cuenta con una veintena de muertos durante las marchas que llevaron a las calles este fin de semana a más de un millón de personas en una ciudad, Santiago, que apenas cuenta con 7 millones de habitantes. Viejos, jóvenes, ricos, pobres, de izquierdas, de derechas, de una religión o de otra, con ideología o sin ella… todos protestaron en Chile.

La ola más o menos generalizada de gobiernos de derecha que tuvo la región en la última década prometió llevar el crecimiento económico a sus países. Aprovechando la crisis mundial en la que Latinoamérica quedó bastante bien parada y en crecimiento, la idea era generar excelentes números macroeconómicos que le dieran la vuelta a una región atenazada por la pobreza y el rezago. Macri, en Argentina, por ejemplo, llegó al poder rodeado de esa aura de empresario exitoso, preparado para administrar el buen momento regional. La realidad fue otra y ahora Argentina se hunde económicamente y regresa al peronismo.

El crecimiento llegó, la pobreza se redujo efectivamente en algunos países como Brasil y Chile. Pero no pudimos dejar atrás los fantasmas latinoamericanos que tanto daño nos han hecho. Brasil se llenó de sospechas y de corrupción, una nueva ola de políticos tomó el poder imitando la mano dura y el divisionismo de las etapas más ásperas de las dictaduras latinoamericanas. Por su parte, Chile creció y creció, pero jamás logró abatir la desigualdad social. Mientras la gente salía de la pobreza, la clase dominante se elevaba más y más en su riqueza y poder. Al final, la mitad de la sociedad chilena no goza de la bonanza y vive en gran vulnerabilidad.

En última instancia, lo que le pasa a Latinoamérica es lo de siempre. Tenemos gobiernos que no representan a su pueblo; que se alejan de él y que sólo responden a intereses particulares. Desigualdad, corrupción y falta de representatividad. Sin embargo, los pueblos latinoamericanos han crecido y ahora exigen y se movilizan más. Piden que la democracia sea real y no se limite a una cierta alternancia entre grupos de poder. El modelo partidista latinoamericano está en decadencia y la gente no dejará las calles hasta ser escuchada o acallada.