EDITORIAL

 

Relevo en la CNDH

 

El 3 de octubre, las Comisiones de Derechos Humanos y de Justicia del Senado publicaron la convocatoria para designar al titular de la CNDH. El 15 de ese mes emitieron un acuerdo que publicó los nombres de los aspirantes que cumplieron los requisitos. La lista de estas 57 personas muestra varios hechos interesantes. El primero es que el actual titular de la CNDH no buscó la reelección.

Es notorio que, a diferencia de procesos anteriores, ningún colaborador del ombudsperson se inscribió para sucederlo. Destaca también el número de expresidentes y presidentes de comisiones de las entidades federativas que decidieron probar su suerte pues ocho de ellos (Hidalgo, Jalisco, Oaxaca [dos], Puebla, Querétaro, Sonora y Veracruz).

Un aspecto singular es el relativo a lo que podríamos llamar “aspirantes profesionales”. Me refiero a algunos candidatos inscritos en el proceso de hace cinco años y que, lejos de desanimarse, decidieron volver a probar su suerte. Otro grupo entre estos aspirantes es el que comprende a quienes han participado en otros procesos de designación de cargos públicos. Entre ellos hay dos que en enero pasado intentaron ser nombrados titulares de la Fiscalía General de la República. Otros dos se postularon para el Comité Ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción y hay uno que buscó ser comisionado del Instituto de Transparencia de Jalisco. Hay inclusive una persona inscrita simultáneamente en el proceso para designar a dos integrantes del Consejo de la Judicatura Federal.

Es importante destacar que cuatro de los 10 integrantes del Consejo Consultivo de la CNDH se inscribieron para convertirse en ombudsperson. El asunto perfila un posible conflicto de interés, pues su participación en el órgano constitucional les concede una ventaja de la que carecen los demás aspirantes. Aunque esto en sí es malo, las consecuencias pueden ser peores. Si la titularidad de la CNDH recae en alguien ajeno al Consejo, el próximo ombudsperson tendrá que enfrentar a los consejeros que el Senado decidió no nombrar. Será difícil distinguir en el futuro si su crítica es imparcial o si se origina en una revancha por no haber ocupado el cargo. Parece pertinente que, en las próximas designaciones, el Senado cuestione a quienes intenten ser consejeros si sólo buscan integrar el Consejo o si utilizarán la posición como peldaño para ser ombudsperson.

Otro posible conflicto de interés se observó en el proceso de formación de la terna. El 29 de octubre, la mayoría de los integrantes de la comisión senatorial determinó que estaría integrada por Arturo Peimbert, Rosario Piedra y Jesús Orozco. La senadora Micher se inconformó proponiendo una terna alternativa: aunque mantenía a Rosario Piedra, le agregaba a Ricardo Bucio y Michael Chamberlin. El defensor más vehemente de la segunda terna fue el senador Álvarez Icaza, quien ha omitido señalar su cercanía con el aspirante Bucio, de quien fuera jefe durante los ocho años que estuvo al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.