EDITORIAL

 

 

El INE y la lana

 

Si bien hay pasajes en la historia del INE que merecen la crítica, también es cierto que gracias al instituto, hoy el país tiene procesos electorales que, por encima de todo, dan certidumbre y en la mayor parte de los casos, confianza.

El INE de hoy no es el que puso en duda los procesos electorales de 1988 y 2006; para hablar de los más controvertidos de las últimas décadas. En el 88, todo se desarrolló acorde a lo que determinó el Gobierno. Fueron vergonzosas las sesiones del Colegio Electoral, en las cuales los medios de comunicación no atinaban a qué debían informar.

Se la pasaron entre lo que estaba pasando y la “línea” que les tiraban desde el Gobierno, la cual asumieron gustosamente.

Las transmisiones mostraban la confusión que existía, al tiempo que se buscaba a toda costa acreditar y justificar el triunfo de Salinas de Gortari. Si algo se hizo fue convertir un conflicto real en una confusión, para esconder muchas de las tropelías que se estaban haciendo.

El Colegio Electoral funcionaba como un apéndice de la Segob; lo que son las cosas: muchos de quienes estaban metidos en lo que pasaba, hoy son parte de la 4T.

En 2006, el entonces IFE fue rebasado por la dinámica de los partidos políticos, que buscaron imponer el triunfo de Calderón. De nuevo, “los acuerdos” y las complicidades de algunos partidos fueron elementos para decretar el dudoso triunfo.

¿Hasta qué punto hay responsabilidades directas del INE en el resultado de las elecciones? Cada vez es más claro el rol del instituto: organiza las elecciones desarrollando un proceso cada vez más acabado que va recuperando algo fundamental y que ha sido el máximo dolor de cabeza electoral: la incertidumbre y desconfianza en las elecciones.

El INE es dirigido por un conjunto de funcionarios, pero es regido por los partidos políticos. Hay que considerar el hecho de que al INE se le haya reducido su presupuesto, pero no se haya tocado la partida de los partidos.

Si bien hay muchas cosas que arreglar en el INE, no perdamos de vista que el instituto está hecho a imagen y semejanza de lo que quieren y determinan los partidos. Nuestra democracia es muy cara por la sencilla razón de que nos la hemos pasado desconfiando unos de otros.

Después de cada proceso electoral se han creado nuevos controles que permiten generar y desarrollar la credibilidad ciudadana; y ello ha significado dinero.

En la historia del INE se han presentado momentos que, sin duda, lo cuestionan. Fue motivo de largo debate la construcción de su edificio y la propuesta de otro inmueble que no fructificó. Sin quitarle responsabilidades, reiteramos que su vida y construcción va de la mano de los partidos políticos.

La distancia que sistemáticamente le ha tomado López Obrador al INE tiene motivos, en función de que se ha visto afectado por las decisiones que ha tomado. Sin embargo, visualizar al instituto como si actuara solo, sin la intervención de los partidos políticos, es perder de vista su origen.

El INE fue la institución que avaló el inobjetable triunfo de López Obrador. Lorenzo Córdova informó del triunfo del tabasqueño con base en los reportes del INE, sin consultar con ningún elemento externo. Más allá del contundente triunfo del hoy Presidente, es importante resaltar el desarrollo del proceso, su organización, la participación ciudadana —tanto en las urnas como en la instrumentación del mismo—, sin importar quién haya sido el ganador.

No tiene sentido tratar de debilitar y menospreciar a quien organiza las elecciones. Es probable que el propio Gobierno se haga el harakiri con una decisión de esta naturaleza, porque aseguran que no llegaron a eternizarse en el poder, porque son demócratas, y para serlo hay que hacer elecciones.