EDITORIAL

 

La marcha del lunes

 

A pesar de que queda claro el objetivo de la marcha del lunes, no hay manera ni tiene sentido pasar por alto los hechos vandálicos.

El país vive en medio de una sistemática violencia contra las mujeres, que se ha convertido en una forma de vida. Se intenta avanzar, pero en verdad todo va muy lentamente. Por más que se hayan creado instituciones en defensa de las mujeres, que se hayan cambiado las leyes para evitar las agresiones, estamos muy lejos de que las cosas den un giro y que en la práctica se materialicen nuevas condiciones de vida.

La marcha es el cúmulo de todo ello, lo que incluye también los hechos violentos que provocaron una inevitable atención en la cobertura sobre ella.

Sin tener respuestas claras sobre los motivos de quienes apelaron de nuevo al vandalismo, es inevitable preguntarse por “la mano que mece la cuna”, dicho de otra manera, tratar de encontrar indicios de quién puede estar detrás de las violentas acciones que cada vez se ven más orquestadas, organizadas y provocadoras.

La coordinación que se vio el lunes llamó la atención, sabían muy bien cuándo atacar y cuándo replegarse, al tiempo que tienen claro que hagan lo que hagan no serán ni agredidas, ni encaradas, ni detenidas.

Lo que pasó el lunes conlleva un gran riesgo a futuro. Todo indica que toda marcha de esta índole podría pasar por situaciones similares. Los grupos violentos han encontrado en estas manifestaciones el espacio idóneo para expresarse, agredir y hacerse ver.

Las transmisiones en medios y redes se concentraron en buena medida en la violencia, más que en las consignas de las entre 3 mil y 5 mil mujeres que marcharon.

Quedó claro que por más que pongan vallas en monumentos históricos, comercios y en general en la calle, no hay manera de frenar a los grupos que se han distinguido por su vandalismo.

La cuestión a futuro es si estas acciones en algún momento serán frenadas por la autoridad bajo la aplicación del Estado de derecho. Todo indica que por lo menos en la CDMX no va a pasar. Las autoridades no se quieren meter en ningún problema que tenga que ver con detenciones o con frenar este tipo de expresiones. Lo que van a seguir haciendo es tratar de que la ciudad rápidamente pueda recuperar su rostro y que se vea limpia de las acciones vandálicas y los grafitis, como de manera tan efectiva se apreció ayer y que fue tan cacareada por el canciller Ebrard.

Lo que ya parece un hecho es que quienes marchen por las calles de la capital van a enfrentar la posibilidad de que sean infiltrados, con las consecuencias que estamos viendo.

Es comprensible el cuidado y prudencia que las autoridades tienen en este tema; sin embargo, los peligrosos riesgos pueden llevar a consecuencias mayores, porque no se puede perder de vista que en las marchas se conjunta la protesta, la rabia, la desesperanza, los infiltrados y la provocación.

Dentro de lo que se vio, lo más importante y que merece la mayor de las atenciones es el sentido de la marcha y las sistemáticas demandas por frenar la violencia contra las mujeres. De eso se trataba la marcha del lunes, de nuevo se buscaba evidenciar cómo son tratadas las mujeres quienes desde posiciones de poder o desde el anonimato se han lanzado a protestar y hacer conciencia, marcadas por la rabia e impotencia bajo el “ni una menos”.

Los retos son mayúsculos. Quizá generacionalmente no podamos ver cambios como se quisiera, pero sí se alcanza a apreciar una toma de conciencia que va ganando espacio y que está permitiendo que más mujeres se unan a esta lucha colectiva.

Otro reto a enfrentar somos los hombres. Tenemos que reeducarnos y entender que los tiempos son otros y ya corren contra nosotros. Ahora sí que “los de adelante corren mucho y los otros se quedarán”.