EDITORIAL

 

 

¿Cómo no estar enojadas?

 

Mujeres asesinadas por hombres. El motivo de su asesinato no fue un asalto, no fue un accidente: las mataron por ser mujeres. En sus cuerpos se ven las huellas del odio, cuerpos violados, mutilados los genitales, desfigurados o golpeados con saña y casi siempre por su pareja afectiva, familiar o algún conocido. Así es el feminicidio.

Las madres de esas mujeres son ahora su voz para pedir justicia y terminar con la impunidad. Recorren Ministerios Públicos y juzgados buscando el acceso a la justicia para sus hijas, para ellas, para sus familias que han sido tocadas por la violencia.

Los gobiernos poco han hecho y han equivocado sus acciones y políticas públicas. Cada año los datos son más alarmantes: entre nueve y 10 mujeres son asesinadas cada día en México, según información brindada por la ONU;  a nivel nacional, de 2015 a la fecha, suman tres mil 578 feminicidios y sólo de enero a octubre de este año se registraron 833 casos, según informa el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), donde Veracruz se coloca como el estado más peligroso, con 153 casos, seguido por el Estado de México, con 95, y en esta lista, la Ciudad de México acumula 50 feminicidios cometidos en los primeros nueve meses de 2019.

En la marcha se presentaron hechos de pintas a patrimonio histórico y durante ese día y el siguiente, en las redes sociales encontramos mensajes que juzgaban la conducta y otros que felicitaban la pronta limpia de los monumentos de la Ciudad de México. ¿Cómo no estar enojadas si las prioridades están colocadas en lo material más que en las vidas? Y si los monumentos reflejan la historia de nuestro país, pues bien, esos monumentos, ahora con sus pintas, reflejan también la historia violenta que viven las mujeres en este país.

Durante la marcha del 25 de noviembre, una de las imágenes que engloban esta falta de sensibilidad y de actuar del Gobierno fue la fotografía de un monumento histórico protegido por una malla de plástico para evitar que fuera pintado, en el cual se observaba un cartel con una leyenda que decía: “Quién fuera estatua para que así el Edo. Te proteja #9 muertxa al día” (sic).

Pero, ¿cómo no estar enojadas si en México “no pasa nada” ante el feminicidio, las violaciones, el acoso sexual y la violenta situación que se vive por ser mujer, niña, adolescente y joven? Los crímenes aumentan y la impunidad es la aliada de los feminicidios.

La sociedad en su conjunto también es responsable por el establecimiento de roles de género, estereotipos y prejuicios que giran sobre el deber de ser mujer y que nos ponen en situación de vulnerabilidad. Lo que nos toca es deconstruir conductas machistas y misóginas, aceptar que es una realidad y brindar una educación incluyente y de trato igualitario, en la que podamos acceder, con la misma posibilidad, al control y beneficio de bienes, servicios y toma de decisiones en todos los ámbitos de la vida. Porque mientras este cambio no se dé, ¿cómo no estar enojadas?