EDITORIAL

 

La reforma que ya está a prueba

 

Difícilmente se van a apreciar resultados en el corto plazo en materia educativa. Lo más importante ha sido ordenar la estructura organizativa y administrativa magisterial, y diseñar planes de estudio que proponen un cambio de paradigma en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El proceso es largo porque pasa por toda una generación, lo que permite conocer alcances y resultados. Esto significa tiempo en el cual los estudiantes van entrando en una nueva dinámica escolar. Los nuevos programas de estudio necesitan también probarse dentro del proceso educativo e irse ajustando.

Los resultados de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos), deben verse como un referente y no necesariamente como una evaluación real de la educación.

Si bien nos sirve para saber más o menos cómo andan los estudiantes de primaria y secundaria, la prueba no termina por ser representativa de la educación del país. Se ha dado el caso, en que algunas escuelas ponen particular empeño en desarrollar una estrategia que permita que los estudiantes tengan las mejores calificaciones en el examen, lo que provoca resultados desiguales, producto de una atención también igual ante el examen.

Algunos méritos tuvo la “mal llamada” Reforma Educativa. No hubo manera de poder tener el justo medio, porque entre que se convirtió en un proceso con tintes persecutorios a los maestros y que durante meses se encargaron de desacreditarla, no se le encontró virtud alguna. Se acabó con ella como parte de una crítica más a los neoliberales-conservadores.

Tan tuvo sus virtudes, que en las consultas que se hicieron sobre la educación después de las elecciones del año pasado, muchos de los participantes y sus argumentos habían sido expuestos cuando se discutió la “mal llamada” en medio de la vorágine de aquello que llamaron “Pacto por México”.

Sus razones habrán tenido para partir de cero, lo cual mucho tiene que ver con una crítica, en muchas ocasiones razonable y justa, a la pasada administración. Sin embargo, algo debemos aprender de todo esto. Si la Reforma Educativa no se mantiene en tiempo y espacio, no va a haber manera alguna de conocer sus alcances y propósitos para la transformación.

Ninguna reforma es para siempre, pero sí es necesario que tenga continuidad en sus objetivos centrales. Si dentro de cinco años volvemos a empezar de cero, no va a haber manera alguna de que se logre un cambio real en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Para conocer los alcances de la Reforma Educativa que está próxima a aplicarse se requiere de tiempo, consistencia, continuidad y un diagnóstico sistemático sobre lo que se está instrumentando.

Uno de los elementos más importantes que se han puesto en la mesa es el respeto y apoyo a los maestros. Son el eje sobre el cual se desarrolla el proceso educativo, pero en el camino por ningún motivo se deben pasar por alto a los estudiantes y la responsabilidad que tiene el magisterio ante ellos.

En el proceso de conveniencias mutuas entre el Presidente y la CNTE, todavía hay una buena cantidad de cabos sueltos. Profesionalizar al máximo a los maestros es un deber del Estado que debe llevar a los profesores a entender y asumir sus responsabilidades ante los estudiantes.

Pensar y transformar la educación requiere de una concepción integral. La Reforma Educativa ya está empezando a tener sus pruebas de fuego.

Hay que dejar que fluya y apoyarla en sus propósitos, algunos de los cuales son de enorme importancia en la formación y vida de los estudiantes. Hay que tener paciencia para empezar a ver resultados.