EDITORIAL

 

 

El detenido

 

Sin la menor duda, la detención de Genaro García Luna en Dallas es un asunto de enorme relevancia. El hecho provoca infinidad de especulaciones, las cuales tendrán que irse aclarando en la medida en que se desarrolle el proceso; esto apenas empieza.

Sin embargo, la presunción de que García Luna estuviera ligado a la delincuencia organizada para desarrollar buena parte de “su trabajo”, no es nueva ni sorpresiva.

La relevancia que adquiere la detención está en que podríamos estar ante la posibilidad de romper con una de las estructuras más oprobiosas en el país respecto a la relación que guardan los cuerpos de seguridad y la delincuencia organizada, en particular, los altos mandos.

Pocos funcionarios han acumulado tanto poder en materia de seguridad como García Luna. El entonces Presidente Felipe Calderón le otorgó todo tipo de facilidades para desarrollar su trabajo, por lo que llama la atención que diga que no tenía información alguna de las acusaciones que hoy penden en contra de uno de los secretarios más poderosos de su gabinete.

De menos debió saber sobre los muchísimos rumores que había sobre él, y bien pudo abrir carpetas de investigación para responder a todo lo que se decía y también atender las cuestionables estrategias instrumentadas por el hoy detenido.

La forma en que se detuvo a mucha gente y la forma en que se daba a conocer mostró evidencias de ilegalidad e incluso, de trampas. Para ello utilizó a los medios de comunicación, los cuales de manera lamentable siguieron el juego sólo para cuidar la imagen de un gobierno que se quedó enredado con el concepto de “guerra contra el narcotráfico” y con el cual no supieron cómo lidiar durante todo el sexenio.

Lo declaración de “guerra” terminó por ser en el fondo la verdadera estrategia de Calderón, por más que haya tratado de deshacerse de la idea que él mismo había planteado, como un acto que asemejaba a algo así como la defensa de la patria.

Se desarrolló una estrategia en seguridad en la que, más que buscar que los ciudadanos y el país se pacificaran, se trató de crear una imagen del gobierno como si efectivamente se estuviera acabando con la delincuencia organizada.

En todo esto fue estratégico García Luna. Fue quien definió la forma y el fondo de las cosas y siendo que el problema era, y sigue siendo, mayúsculo e incontrolable, no podía pasar por alto la opinión, el aval y las decisiones del Presidente.

El caso Cassez fue uno de los momentos más oscuros, porque se echó a andar toda una maquinaria para mentir, respecto a un asunto que acabó por deteriorar de manera riesgosa las relaciones entre México y Francia.

Igual pasó con el secuestro de Rubén Omar Romano. En este caso, lo colocaron en la televisión como si las cosas estuvieran siendo en vivo, cuando el entrenador de futbol tenía al menos 24 horas de haber sido liberado. El papel de la televisión fue oprobioso y hoy, a la distancia, todo esto sigue mereciendo una explicación, sin pasar por alto la responsabilidad que la televisión tuvo en estos casos y en otros más.

El otro elemento a atender tiene que ver con lo que se puede conocer a partir de los testimonios de quienes señalan a García Luna y lo que él mismo pudiera argumentar. Seguramente se va a entrar en profundos vericuetos, porque muchos de los señalamientos que se van a presentar en los juicios vienen de testigos protegidos, los cuales, en muchas ocasiones, son capaces de inventar cualquier cosa con tal de salvar el pellejo.

Desde donde se vea, la detención es un hecho importante. Ahora vendrá el largo juicio, en donde seguramente el Gobierno de la 4T querrá participar.

Vendrán preguntas, como por qué EU fue tan pasivo con García Luna, a tal grado que le otorgó la nacionalidad y, si se confirma la gran cantidad de dinero que tiene el exfuncionario, cómo es que nunca se preguntaron por todo ello.