EDITORIAL

 

 

Historia de un matrimonio

 

El amor no es el opuesto del odio y de hecho coexisten. Aceptar que se puede llegar a odiar y a lastimar a la persona que se ama provoca muchísima culpa. Éste es uno de los argumentos centrales de Historia de un matrimonio (Baumbach, 2019) que comienza con una separación que poco a poco se convierte en un sangriento proceso legal de divorcio orquestado por un par de abogados, que asesoran a Nicole y a Charlie para sacar lo peor de cada uno y ganarle al otro.

Marriage Story retrata la incomprensión de dos personas que se aman pero que no se escuchan y que son incapaces de honrar los acuerdos verbales explícitos sobre las expectativas de cada uno, incurriendo en la falla clásica de, sistemáticamente, quitarle importancia a las conversaciones cotidianas, que después se vuelven rencor y frustración acumulados durante años.

Otra lectura de la película son las problemáticas que enfrentan las parejas de la posmodernidad, en las que la realización individual es lo más importante, a veces con el costo de dejar de mirar al otro y lo que necesita de nosotros. Charlie está absorto en su profesión como director de teatro y Nicole es actriz y madre de su hijo. Charlie es una especie de padre universal de toda la compañía de actores, pero no un padre presente ni conectado con su esposa ni con su hijo e ignora las peticiones de Nicole de vivir en California para que ella pueda retomar proyectos profesionales. Es fácil identificarse con la situación evitadora de conflicto en el corto plazo: decirle que sí al otro, que claro que harán lo que pide, sin tener la mínima intención de trabajar para lograrlo.

Nicole y Charlie no pueden evitar la complicidad de los que se aman y se conocen de memoria, pero el sentimiento de incomprensión e injusticia es un veneno muy potente. “El deseo de ser comprendidos es una de las formas más violentas de la nostalgia”, dice Adam Phillips, refiriéndose a la imagen idealizada contra la que todos nos estrellamos al enfrentar las limitaciones del amor.  El odio surge del problema que es compartir con otro, que reta el sentido que tenemos acerca de la verdad de nosotros mismos y de los demás. El odio surge también de la capacidad limitada para comprender y ser comprendidos. La desilusión que aparece cuando el enamoramiento amaina es un duelo que rara vez se enfrenta. Vivir dentro de una relación que ha perdido vitalidad suena horrible pero la costumbre es cómoda y da certeza. Adam Driver y Scarlett Johansson logran comunicar todas las paradojas del amor. De este lado de la pantalla dan ganas de salvarlos porque aunque no se entienden, se aman.

Ser reconocido como valioso y único en el mundo es el alimento del amor. Cortázar hablaba de la lenta maquinaria del desamor. Marriage Story nos permite asomarnos, en cámara lenta y de cerca, a esa maquinaria hecha de malentendidos, silencios, promesas rotas, resentimiento acumulado, desconfianza, falta de sexo, infidelidad, invasión a la privacidad, indiferencia y deseos de venganza. Lo que vemos durante dos horas se gestó a lo largo de casi 10 años. Lo que podría haberse solucionado tiempo atrás, es hoy una grieta definitiva, imposible de reparar.