EDITORIAL

El secreto de confesión y el Papa

Una de las razones por las cuales muchas agresiones y abusos por parte de algunos sacerdotes han sido tapados u omitidos se debe a la complicidad de algunos jerarcas de la Iglesia católica, y también a las propias normas internas a las que se ven obligados los prelados de las cuales algunos se aprovechan.

Casos como el del pederasta Marcial Maciel es probable que más allá de la perversidad del fundador de los Legionarios de Cristo, haya estado rodeado por complicidades sin descartar el temor y un cuestionable cumplimiento de las normas internas de la Iglesia católica.

Nadie se permitía hablar de abusos, agresiones sexuales y de todo aquello que fueron rompimiento del respeto y los derechos por una norma que ha ido perdiendo valor.

La Iglesia católica ha tenido un fuerte debate sobre ello, porque en el tema de los abusos y agresiones sexuales por parte de algunos sacerdotes, se fue creando una crisis interna que ha sido denunciada en muchos países del mundo. Ha estado también de por medio la complicidad y los votos de silencio que impone la Iglesia.

Lo que ha vivido y vive mucha gente es parte del cúmulo de interpretaciones sobre el papel que juegan los sacerdotes y los temores que se construyen en el entorno de la vida de algunos prelados, quienes manipulan la fe y las creencias de los creyentes.

El llamado “secreto pontificio” ha servido indistintamente para proteger a personas, pero al mismo tiempo, se ha usado para esconder lo que muchos sacerdotes de manera abusiva han hecho.

Los religiosos se guardan todo lo que les confiesan y en muchos países, el nuestro entre ellos, no están obligados hacer público lo que se les confiese, a pesar de que obstruya la justicia.

Un sacerdote tiene, por decirlo de alguna manera, el derecho que le otorga el ser parte de la Iglesia católica a quedarse callado, le cuenten lo que le cuenten. A lo largo de la historia, difícilmente han sido enjuiciados por actos sin duda alguna violatorios de la ley; un ejemplo evidente es el pederasta Maciel.

Son temas complejos porque tienen que ver con la fe y la religiosidad que al interior del catolicismo se profesa, y porque habrá personas que lo crean y lo defiendan a grado tal que ni siquiera sea motivo de algún tipo de cuestionamiento, trátese de lo que se trate y lo que esté de por medio.

Seguramente ese silencio en muchas ocasiones pudo haber sido positivo y con razón respetado. Sin embargo, en torno a él se han escrito muchas páginas oprobiosas que han afectado de manera profunda y dolorosa a muchas personas.

La decisión que tomó el Papa Francisco al levantar el “secreto pontificio” sobre las denuncias de agresiones y abusos sexuales cometidos por sacerdotes, y también sobre los juicios y veredictos, es uno de los pasos más importantes que se han tomado en la Iglesia católica en mucho tiempo.

Los abusos y agresiones sexuales por parte de sacerdotes es un tema que irrita e indigna profundamente al Papa Francisco. Cuando vino a México le planteamos sobre lo que pensaba y cómo imaginaba que se podría enfrentar este brutal y doloroso asunto en nuestro país.

Desde que propusimos el tema la cara de Francisco cambió. Dijo que quienes esconden las agresiones y abusos sexuales al interior de la Iglesia, y los que perpetran estos despreciables actos “no merecen ser parte de ella y deben ser expulsados”.

Todo indica que no le fue nada sencillo al Papa tomar la decisión, y no precisamente por su voluntad y convicción.

Lo importante es que lo hizo y ello puede detonar actos de justicia y una gran cantidad de denuncias, al tiempo que cambiarle la cara a la Iglesia en medio de los muchos apuros y crisis por los que está pasando.