Las coberturas

 

El muy lamentable accidente que sufrió un grupo de periodistas que cubría las actividades del Presidente, pone en la mesa la imperiosa seguridad sobre la cual deben moverse, y también la relevancia que tiene su trabajo, el cual no debe soslayarse como se ha querido insinuar.

Lo primero es particularmente relevante porque un incidente puede ser de fatales consecuencias. Desde hace tiempo los periodistas cubren las giras presidenciales con el dinero de los medios de comunicación donde trabajan, y en algunos casos el que sale de sus bolsillos.

La Presidencia dejó de pagar las coberturas de los periodistas desde principios de los 90, tanto en viajes como alojamiento. El cambio fue sano, en muchas ocasiones las coberturas casi eran dictadas desde las oficinas de gobierno dándose una complicidad profundamente insana.

Las cosas han ido cambiando a pesar de la histórica relación entre dueños de medios y el poder político. A menudo se decidían los procesos informativos a través de llamadas entre estas instancias para que al final todo se consumara en la redacción.

Lo que es un hecho es que la decisión fue positiva porque en muchos casos se tomó distancia por parte de los periodistas, lo que permitió procesos informativos libres e independientes. La situación obligó a los medios a desarrollar nuevas estrategias para difundir noticias precisas y atractivas de lo que los periodistas iban viendo y cachando.

Muchos medios entraron en problemas económicos. La decisión era estratégica y de convicciones: se hacía un esfuerzo económico para mandar a periodistas a las giras o se reportaban éstas a través de los boletines, que por lo general se desarrollan bajo una suerte de todo es reír y cantar.

Muchos reporteros buscaron con su trabajo profesional hacer a un lado los históricos y perversos compromisos entre medios y el poder político. Con todo, muchas informaciones seguían pasando por los boletines de la Presidencia o de las dependencias oficiales.

Para los periodistas estos escenarios les permitieron depender de los medios para los que trabajaban más que para el Gobierno que les pagaba el viaje con todo incluido. Como fuere se empezaron a crear escenarios determinados por el buen o por el desigual trabajo periodístico.

Los periodistas se vieron obligados a pasar sanamente a la ofensiva para dar batallas informativas, las cuales se trasladaron a las redacciones de los medios para los que laboraban.

Las coberturas sobre las actividades del Presidente son fundamentales. Hay que defenderlas porque un trabajo de esta naturaleza no empieza y termina en función de lo que dicen los boletines oficiales.

Pasa por el tamiz del periodista que debe buscar más allá de un acto político o un mitin. Los periodistas van a ver, a conversar y a desmenuzar el entorno para informar y así contar historias.

A menudo la mejor información para los lectores, televidentes, radioescuchas y lo que vemos en las redes tiene que ver con lo que el periodista ve. Es lo que le da sentido a la profesión porque se buscan todos los ángulos de lo que sucede, al fin y al cabo esto es lo que le da sentido al ejercicio periodístico.

Las coberturas ofrecen, además, una necesaria pluralidad para la sociedad. Los boletines ayudan, pero en el fondo terminan por mostrar una mirada unilateral de las actividades del Gobierno.

El accidente debiera ser visto para evitar futuros accidentes. El tema no es para plantearse si debe haber coberturas o no, hay que detenerse y replantearse la seguridad, tema que se mueve bajo responsabilidades compartidas.

Si algo nos fortalece informativamente son las muchas maneras que hay para ver y leer lo que pasa.