Tin Tan, un cómico para tomarse en serio

*Supo vivir con ejemplar desorden. Navegando entre la desbordada alegría y una notable sensibilidad

Se murió el 29 de junio de 1973… tenía sólo 57 años, pero le dio tres vueltas al kilometraje en el velocímetro. Supo vivir con ejemplar desorden. Navegando entre la desbordada alegría y una notable sensibilidad.

Cuando la muerte nos vuelve buenos, él resultó ser de los mejores… a partir de entonces se le dio su valor real. Se entendió que nunca se pareció a nadie y que además era irrepetible. Ello sólo había sido capaz de percibirlo ese gran público de barrio… el de las clases populares que llenaban los cines, desafiando pecaminosamente a la moral… como Dios manda.

Ni incoloro ni oloro ni insaboro. Pisó tan fuerte y en tierra tan firme que, a partir de él, Octavio Paz describe al pachuco en El laberinto de la Soledad. Y se ocupan específicamente de analizar al fenómeno cultural que resultó Tin Tan intelectuales de la talla de Salvador Novo, José Revueltas o Carlos Monsiváis. Era un cómico para tomarse en serio, pues. El mejor siempre será el que más nos guste, pero sin mucha posibilidad de discusión, fue el más versátil, el más completo, en la historia de este país. A otros gigantes o gigantas de la comedia, sólo les faltó algo… cualquier cosita. Tin Tan lo tenía todo.

Sus orígenes a grandes zancadas. Nace el 19 de septiembre de 1915 en una vecindad sobre la ahora avenida Hidalgo, frente a la Alameda Central de la Ciudad de México (se convirtió en 1943 en el Hotel Cortés y a partir de 2016 es el Museo de Arte Cáliz). A los 12 años se traslada con la familia a Ciudad Juárez, Chihuahua. Trabaja como ayudante de sastre y luego pegando etiquetas a los discos en la estación XEJ, en 1932. Por accidente lo escuchan hacer imitaciones de Agustín Lara y termina teniendo su programa musical-humorístico llamado El barco de la ilusión.

Tin Tan de niño, con sus hermanos. Segundo de izquierda a derecha.

Una caravana artística manejada por el ventrílocuo Paco Miller lo contrata de emergencia para suplir a un cómico en una gira por EU. Valdés era conocido entonces como Topillo Tapas, un pachuco, como tantos había de los dos lados de la frontera… jóvenes mexicanos que con vestimenta extravagante (sombreros con plumas, holgados trajes coloridos y zapatos de color en dos tonos) hablaban espanglish, defendiendo una identidad no aceptada… como un movimiento de resistencia social ante la discriminación estadounidense.

Miller le asigna como patiño a Marcelo Chávez -quien ya lo había sido antes de Cantinflas-. Presentan con éxito sus rutinas en el teatro Iris, en el Follies y en El Patio. Les dan su programa humorístico en la XEW… Bocadillo de buen humor, 15 minutos diarios de 1:15 a 1:30 PM. Y de ahí al cine. Entre 1943 y

1972 participó en 109 películas. En su época de esplendor hizo regulares, buenas, muy buenas y extraordinarias… y en todas había por lo menos un gran momento. Cuando llega el declive, no es necesariamente de él… lo es del cine mexicano y con éste, Germán Valdés cruzó de la Época de Oro a los peores tiempos de la industria.

Cuando conoció al que sería su carnal Marcelo en la caravana de Paco Miller. Cd. Juárez, 1943.

Para unos, la mejor es Calabacitas tiernas o El rey del Barrio o El revoltoso. Entre los tintanófilos, cada quien tenemos nuestra cada cual. Su cine rompía las formas correctas y quedó una larga lista de ingeniosas parodias de versiones clásicas de lo que fuera… ahí quedaron Lo que le pasó a Sansón, Simbad el mareado, El violetero (de María Candelaria), Tintansoe Crusoe, Las mil y una noches, El Ceniciento, El bello durmiente, La marca del zorrillo (… de La marca del zorro), El gato sin botas, Chucho el remendado (de la radionovela Chucho el roto) o Rebelde sin casa (parodia en su título de Rebelde sin causa, con James Dean), entre muchas más.

En uno de sus distintivos número de cine musical; acá, de ‘Simbad el mareado’.

La imperdible pelea de la cárcel en ‘El revoltoso’, con Wolf Ruvinskis y su ‘carnal Marcelo’.

Gilberto Martínez Solares fue su director de cabecera… con él hizo 40 de las 100 películas, y es quien mejor lo conduce. Por principio se encarga de apagar la imagen de pachuco y lo convierte en un siempre vago-siempre audaz de barrio. Y -según le dijo a este reportero en una entrevista concedida en 1995- contra lo que todo mundo cree, ‘lo deja ser’, pero jamás le permite improvisar… le permite proponerle ocurrencias (muchas), ensayarlas e incorporarlas.

La popularidad de Tin Tan comenzó a reflejarse en la taquilla nacional y se puso al tú por tú con Cantinflas. Le ha de haber pisado algún callo al legendario mimo… en una escena de Si yo fuera diputado quedó el mensaje con la indirecta más directa, cuando afuera de la peluquería El rizo de oro dice en un pizarrón: “para pachucos no hay servicio, porque me caen gordos”.

El franco ‘recargón’ que le dio Cantinflas, en una escena de ‘Si yo fuera diputado’. 1952

Como sello distintivo de Tin Tan, siempre (salvo en la recta final) fue cobijado por su cuadrilla… a la que impuso mientras fue -como los toreros de época-, ‘mandón’ en la fiesta: Fanny Kauffman Vitola, el entrañable bailarín y cómico enano René Ruiz Tun Tun, el villano Wolf Ruvinskis, Joaquín García Borolas, José Ortega El Sapo, Juan García El Peralvillo y ante todo, Marcelo Chávez… que desde los tiempos de la caravana de Miller, fue algo más que su patiño de toda la vida: fue su hermano. En un diálogo de la cinta Músico, poeta y loco, lo explica con elegancia: “Mi carnal y yo siempre andamos en el mismo riel”.

“Mi carnal y yo siempre andamos en el mismo riel”

En fin, la presencia única de Tin Tan en el cine y concretamente en el terreno de la comedia, está muy clara en la memoria popular, pese a la enorme distancia que van construyendo los años. Pero hay que destacar, como excepción, lo que logró en Las aventuras de Pito Pérez, basada en la famosa novela del escritor y diplomático José Rubén Romero y que dirigió Juan Bustillo Oro… en donde se muestra convertido en un sólido actor dramático, con un personaje de sabiduría profunda y amarga, que denuncia la mentira de la justicia social que prometía la Revolución Mexicana, lo mismo que la mediocridad de las autoridades y que desafiante apunta contra los preceptos de la iglesia católica. Hay que ver esta magnífica versión con Tin Tan y Andrés Soler (1956); una de las tres que hay (las otras son con Manuel Medel -1944- e Ignacio López Tarso -1970-). Y hay que verlo en el vagabundo en aquel diálogo con Dios, sin réplica.

Y como curiosidad, participa en tres filmes de doblaje con Disney. Dos personajes fabulosos (1951), El libro de la selva (1967), en la que inmortaliza al oso Baloo cantando Busca lo más vital y por último Los aristogatos, en la que da voz al gato vagabundo O’Malley (1970).