Tanatofobia

*Miedo a la muerte

Desde niño me dio miedo la muerte. Cuando oía a mis padres platicar de alguien que había muerto, me asustaba mucho; pero me ponía más miedoso cuando comentaban la forma como la persona había terminado su vida. Y por la noche me daba más miedo y no podía dormir.

Una ocasión mis papás comentaron que un familiar se había suicidado, me puse a temblar y luego pensé que yo podía hacer lo mismo. Me vi colgado de un mecate e imaginé la escena: mis padres llorando inconsolables, mucha gente llegando a la casa para apoyarlos, mi cuerpo colocado en una caja y rodeado de muchas flores y velas, y todo lo que ocurre en un velorio. Todo eso me ponía muy mal.

Yo no podía entrar en un hospital porque inmediatamente pensaba que me encontraba grave y que me operarían, pero que la operación salía mal y me angustiaba imaginando que podría morir.

Por estos pensamientos, cuando las enfermeras o médicos me checaban la presión resultaba que la tenía alta pues, para mí, era terrible pensar en que el médico me dijera que tenía alguna enfermedad terminal y que me quedaba poco tiempo de vida. Eso me ponía sumamente nervioso. Alguien me dijo que yo padecía el síndrome de “la bata blanca”, ya que era evidente el pánico que me invadía a que los doctores me diagnosticaran una enfermedad grave, incurable o mortal.

También, ese miedo a morir se me hizo presente cuando experimenté síntomas de sida; fueron días de angustia, de mucho miedo; sólo me la pasaba pensando en el día que tenía que ir a ver al médico y me mandara a realizar los estudios necesarios para determinar ese padecimiento. Y eso tuvo que pasar. El médico me indicó dichos análisis. Recuerdo que fueron días de insomnio y miedo. Ya me imaginaba que moría en un hospital, sin que nadie pudiera hacer nada por mí; que podía morir solo, abandonado, sin mis familiares, o bien, que me enterraban vivo y que yo despertara cuando ya estuviera en el ataúd y enterrado. ¡Qué desesperación!

Así, en esa tremenda desesperanza, llegué al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos y me di la oportunidad de asistir continuamente a la agrupación. El día de hoy, gracias a la terapia, perdí el miedo estoy en el proceso de conocerme y aceptarme. Ahora mi vida es tranquila. Esto para mí es algo notable.

*Anónimo