Testimonio de un neurótico: “Nunca pude asumir la responsabilidad de mis actos”

 

Llegué al grupo de Neuróticos Anónimos con muchos problemas, que, para mí, eran enfermedades físicas: dolores de cabeza intensos, diabetes, padeciendo del riñón, con presión alta frecuente y males cardiacos. Tenía mucho miedo a que todas esas enfermedades no se me quitaran y que, posteriormente, de manera rápida moriría.

En mi afán de sentirme bien tomé multitud de remedios caseros, acudí a muchos lugares para que me atendieran y visité médicos generales, especialistas, homeópatas y brujos; todos hicieron cuanto pudieron para ayudarme, pero diariamente iba recayendo.

Una ocasión en que estaba en un hospital, a donde iba frecuentemente para atenderme de mis malestares, escuché a unas personas que trasmitieron el mensaje del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos. Una de ellas manifestó que en dicha agrupación todos sus males habían desaparecido con la terapia. Me acerqué, les pregunté que si podían ayudarme e inmediatamente me dijeron que sí, que en el grupo había una opción para mí. En la agrupación empecé a hablar de todas las cosas que me hicieron sentir mal, y descubrí que desde niño sufrí mucho por mis irresponsabilidades.

En la escuela sentía mucha angustia por las tareas que me dejaban. Si eran vacaciones no quería hacerlas y las realizaba a la carrera dos días antes de regresar y, obviamente, no las hacía bien.

En el lugar donde nací, teníamos que colaborar con las tareas de la casa, pero yo sufría enormemente al realizarlas. Por ejemplo, había que ir con mi papá a traer leña para el fogón de mamá pero yo no quería. Me angustiaba al ver que quedaba poca leña. Cuando crecí un poco más, me pedían fuera por algo, pero no quería ir, sólo decía: “Al rato”, “después”, “más tarde”. Mi madre se enojaba porque ella se atrasaba para hacer los alimentos. Y me sentía muy mal.

Cuando cursaba la preparatoria y la carrera, sufría tremendamente en tiempos de exámenes. Renegaba al desvelarme para hacer mis trabajos o estudiar. De hecho, abandoné la escuela durante un tiempo, argumentando que me habían pedido bastantes tareas. Pero cuando vi que mis compañeros concluyeron sus carreras sentí mucha frustración, tristeza y humillación. Entonces regresé.

Pasando el tiempo busqué una esposa, pero sucedió que nunca fui responsable con ella ni con mis hijos, tampoco en las tareas domésticas. Mi vida era decir: “Hay se va”. Me parecía fácil procrear hijos con otra mujer y dejarlos sin apoyo económico.

Nunca pude asumir la responsabilidad de mis actos. Todo ese cúmulo de irresponsabilidades me llenaron de miedos, angustias y depresiones. Ahora sé que todo esto me provoco sentirme muy mal, por eso no dude en aceptar la ayuda que me ofrecieron en el Movimiento Buena Voluntad.

El grupo me dio la posibilidad de conocer y aceptar mis irresponsabilidades y me brindó ayuda para enfrentarlas. Ahora ya no arrastro las cosas del pasado y mi presente es diferente. Ya no siento los malestares físicos con los que llegué. Gracias a mis compañeros de la agrupación.