Añil, el color azul inunda el Museo Textil de Oaxaca

Jenny SÁNCHEZ

Añil· ai · nila · gara · tarom es el nombre de la exposición que se exhibe en una de las salas del Museo Textil de Oaxaca bajo la curaduría de Alejandro de Ávila y que permanecerá abierta hasta el domingo 19 de enero de 2020.

En el texto que acompaña la sala explica que el solemos asociar el color azul con la nostalgia y la melancolía. Así lo imponen las convenciones de nuestra cultura visual como sociedades urbanas modernas, y así lo remarca también nuestro entorno sonoro: el blues (‘azules’ en inglés) es música imbuida de soledad y dolor existencial, cuyos ritmos y melodías se arraigan en la tradición de los pueblos negros del sur de los Estados Unidos.

Menciona que, en el occidente de África, en cambio, de donde provinieron buena parte de los antepasados de los bluseros del Misisipi y de los músicos costeños de Oaxaca, el azul profundo es un color vinculado con el prestigio, la elegancia y la fortuna. Prueba de ello son los mantos teñidos con índigo que lucían antaño mujeres y hombres bien vestidos de Camerún a Senegal, al igual que en China, Japón y otras partes del mundo.

El texto dice también que la molécula que impregna las fibras de esas prendas, para que nuestros ojos perciban tanto azul, es la misma en Asia, Europa, África y América, pero las plantas de donde se obtiene varían de región a región. Dos arbustos emparentados con la alfalfa, bastante parecidos a ella, son la fuente del colorante en India (de donde viene el nombre “índigo”, es decir, ‘índico’) y en Mesoamérica y los Andes. En África tropical también se extrae de una planta de la familia del frijol y la alfalfa, pero no se trata allá de un arbusto achaparrado, sino de una liana que puede alcanzar veinte metros de largo.

En Japón se saca de una yerba en la familia de la trepadora ornamental nombrada acá “cualmecate”, mientras que  en China se produce de un pariente del muitle y el acanto, y en Java de un arbolito en la familia del cacalosúchil. Europa, por su parte, obtenía el mismo tinte de una planta emparentada con el repollo y la mostaza, llamada glasto o yerba pastel. La lista de especies y familias botánicas que proveen índigo no termina allí.

Alejandro de Ávila explica en el texto que una de las aspiraciones de este museo es mostrar paralelos y convergencias significativas en las tradiciones textiles de Oaxaca con las de otras áreas de México y del mundo. La reflexión se ahonda cuando nos percatamos que el color resultante de la pudrición de una planta sedujo y encantó a gentes con trayectorias culturales radicalmente divergentes.