La Maroma, esencia teatral de la Mixteca

Texto: Joel F. Gálvez Vivar

Fotos: Karol Joseph Gálvez López

Huajuapan de León, Oaxaca, México.- En el corazón de la mixteca oaxaqueña, esencia de la patria mexicana,  la maroma es la esencia y folclor del teatro del pueblo, donde los artistas, hombres del campo, a cielo abierto realizan sus actuaciones, en ellos gozan del baile, tanto sobre las cuerdas como a flor de tierra el ‘rabanito’ payaso, actor y artista natural del indigenismo mexicano, quien entre chistes colorados y acrobacias, sobre los barrotes y columpios regleteándose los jóvenes maromas, que cientos de miles de almas disfrutan en cada instante y en horas oportunas ya sea al caer la tarde-noche en suelo de la gran Ñudee.

En escenario natural rural, se viste de gala, con luz natural ocasionales, luego con iluminación de los focos, además del intenso calor humano, cuando sobre las cuerdas de ixtle, pendientes de morillos, cuya construcción es hecha por los propios artistas pueblerinos, sobre el que bailan, brincan o salto de gozo los maromas que cuyo dominio acrobático sobre las cuerdas es algo excepcional de los artistas rurales de la provincia mexicana, es sin duda un rescate histórico cultural, de mucha valor tangible e intangible que viene rescatando paulatinamente la Oficina Regional de Culturas Populares que dirige atinadamente Guillermo Círigo Villagómez, con sede en la ciudad mixteca de Huajuapan de León.

El suelo mixteco se cubre de gloria, al contemplar la riqueza cultural tradicional intangible de la mixteca, tanto los propios como visitantes procedentes de la Unión Americana, de Veracruz, Distrito Federal, Puebla, Guerrero y de los pueblos circunvecinos se deleitan con el teatro tradicional de los pueblos indígenas, que saborean los sanos chistes y malhabladas que expresan en ocasiones picantes, otros en broma, por los enigmáticos ‘Payasos’, alma y esencia del teatro tradicional de la gran nación mixteca, conglomerados en el cuadro artísticos los acróbatas empíricos conocidos como ‘Maroma’, que una gama de pulcros jóvenes realizan marometas, tanto sobre cuerdas como en una barra haciendo piruetas en lo alto de los postes sostenidos por mecates.

Al mismo tiempo, otros se cuelgan de altos y largos columpios, realizando una diversidad de habilidades artísticas, demostrando con ello su capacidad del arte de la ‘Maroma’, colgándose, columpiándose en toda su expresión demostrando valor al alto riesgo de brindar la verdadera obra de arte escénica de los artistas rurales que en su mayoría son campesinos.

De multicolor y llamativas vestimentas, en la pista natural, bailan, ríen a carcajadas, lloran, cantan de alegría, de dolor y tristeza, un puñados de hombrecillos, con el rostro maquillado, grande nariz de bola, boca grande, que al tiempo sollozan por tanto crueldad entre hermanos, cuando los humanos no se comprenden, porque unos cuantos lo tienen todo, todo derrochan sin miramientos ni contemplaciones, mientras que a los rurales enterrados en vida, viven en miserias, pobreza, hambre y sed de justicia, pero llenos  de fe y devoción, de amor y desamor, crueldades que calan en la miserable humanidad de hombres del campo.

Cuando los de arriba viven en opulencias, los gobernantes viven como dioses, reyes y virreyes en grandes palacios, magnates en gigantescas mansiones, carros de lujo hasta blindados, todo ello a expensas de los de abajo, cuando los rurales se mueren de hambre, se desenvuelve en miserias, abandonados, saqueados, ultrajados, timados, son entre otros los mensajes subliminales que van tejiendo en su cantar, pero decirlo o contarlos como chistes hace del público espectador, soltar a boca jarro prolongadas carcajadas, pero en su corazón y en la conciencia sienten y reaviva la realidad vibrante de miserables condiciones de vida de que llevan los de abajo.

En ese tenor Alfonso Jiménez,  el payaso ‘Rabanito’, calentaron el escenario, en el mejor momento que el respetable público disfrutaron a lo máximo las actuaciones de circo rural, porque aún prevaleció la luz del astro rey, que sin duda alguna también lleno de gozo, por el rescate de la cultura autóctona de la gran nación mixteca.

Payasos y maromas, realizan sus actividades de acrobacia no solo a flor de tierra, sino también saben volar alto y muy alto, a la altura del cielo mixteco; sobre la cuerda tendida a seis o siete metros de altura, sostenida en un par de morillos cruzados entre sí, el artista pueblerino llevaba entre sus manos una garrocha para el equilibrio, barra que sirve de apoyo al caminar y volar sobre las cuerdas, más sin embargo, demuestran valor, sagacidad y profesionalismo, adquiridos a través arduos y constantes entrenamientos permanente.

Sin embargo, en múltiples ocasiones suelen pierden equilibrio, ya por nerviosismo y cansancio, porque no es fácil soportar peso y altura, además de la presión de un público exigente que aplaude y grita de gozo; en tanto payasos y maromas se cuelgan de las cuerdas, y se entrelazas colgándose de sus brazos cuando se está perfectamente calculado, unos; mientras que otros besan suelo, caen a tierra firme, como ocurrió con el enigmático payaso ‘pancholín’ tuétano del payaso mixteco, que un leve viento hizo a que perdiera altura, concentración y equilibrio, se golpeó en sus partes nobles con la cuerda, seguidamente fue derribado, es el precio más que riesgo a que se expone cada actor pueblerino con tal de satisfacer a su público, que lo premia con sendos y prolongados aplauso, el precio de la fama de ser artista rural, del circo o de la carpa pueblerina, con tal de agrandar las festividades de los pueblos indígenas de este México nuestro.

En tanto entrada la madrugada ya con escasa luz eléctrica, culminan su noble actuación artística de ‘la maroma’, teatro o circo pueblerino caracterizado como esencia cultural de la Mixteca Oaxaqueña.